La sensación fue una de las más extrañas. La última noche la había pasado concentrado en el examen que debía rendir al día siguiente. Sus pensamientos estaban concentrados en las fórmulas, las soluciones, los gráficos y cada uno de los útiles que debía llevar para hacer todo lo necesario para aprobar la prueba. Era de noche y una luz entró por la persiana americana... y sin querer, allí cambió el rumbo de su vida. Despertó liviano. Relajado, ya no pensaba en nada más de aquel examen.

Se sentía sabio, pálido y con muchísimos años de más. No se reconocía en lo absoluto. Caminó por su casa. Los espacios eran más grandes que lo normal, los percibía distintos. Las habitaciones eran lúgubres, aunque entraba una luz mortecina. Había olor a humedad. Comenzó a desesperarse al ver que allí no había nada. Sus pertenencias, sus discos de música, sus libros, sus fotos, todo, absolutamente todo había desaparecido. ¿A dónde habrán ido? ¿Dónde las habré dejado? ¿Me han entrado a robar? Eran preguntas que no tenían respuestas. No entendía aquella situación y sabía que la última noche se había acostado en su cama, en la habitación de su casa....y esta parecía no serlo.

Allí sobre una mesa había una computadora. Intento escribir, pero sentía que sobre sus manos había otras que apretaban letras que no correspondían. Se asustó al percibirlas, y no quería levantar la vista. Concentró la atención en las teclas. No reconocía ninguna de ellas. ¿Cómo se armaban las oraciones? ¿Qué son las oraciones?
Sentía que iba perdiendo la memoria. Estaba destinado a algo inconcluso, confuso, y no sabía qué era. Rápido corrió hacia otra habitación.
Allí, la niebla junto a la luz de la luna que entraba por los ventanales, formaban un alud impenetrable de almas. Sintió olores indescriptibles, su ser chocaba con energías en constante movimiento. Desesperó más todavía al ver fantasmas. Caras de fantasmas. Velos blancos volando. Corrió a una habitación contigua, preso del pánico. ¿Qué había sido todo aquello? ¿Y todo lo anterior?
Sus pelos molestaban su visión, pero no podía corrérselos de la frente. No tenía manos y no podía mirar hacia abajo. Aquella habitación tenía más de un dolor flotante, caras cortadas y olor a sangre humana. La única ventana abierta era la que tenía frente a sí. Había que escapar de allí, a toda prisa. ¿Qué era todo aquello? ¡Qué maldito lugar! Sin dudas era su peor pesadilla, quería despertar, pero parecía imposible. ¿Lo era realmente? ¿No iba a despertar nunca más? ¿Había sido su última noche? Sin pensarlo más Frederik saltó por aquella ventana y quedó suspendido en el aire.

Una luz amenazaba con tragarlo, y lo encegueció durante un buen tiempo. Había salido de las penumbras, de la oscuridad. Sin dudas, era la peor travesía que había podido vivir. Soñar... ¿es algo injusto? ¿cómo es este último sueño? Escribiría sin dudas sobre esto al despertar... pero no sabía si iba a hacerlo. Y aquella luz no pensaba tragarlo. No. Nada de eso. Al contrario, esa luz provenía de una superficie, a la cual estaba llegando. Mientras tanto se estaba ahogando en su peor mar. Nadar era imposible, estaba suspendido, ahogándose, sin poder utilizar nada de su cuerpo. Era energía en constante movimiento, no podía decidir qué energía ser... era eso. Simple energía móvil. Llegó a la superficie y el caos fue devastador.
Vio a lo lejos un barco inmenso, sumergiéndose en una tempestad de truenos y rayos, de olas salvajes, de monstruos de mar gigantescos. Las olas saladas lo ahogaban. ¿A dónde me dirijo? ¿Qué nos pasa?
Intentaba hacer fuerzas para desplazarse de algún modo, pero estaba maniatado a ser lo que era. ¿Cómo podía cambiar? Algo venía flotando, no sabía muy bien qué era. En la oscuridad de aquel océano asesino todo era peligroso, incluso lo único que podía salvarlo. Un bote.
Un bote con un motor que no andaba, pero bote al fin. No hacía más que descansar nuevamente. Amanecía. El sol dejaba ver sus primeros rayos sobre el horizonte. El mar estaba hecho una seda. Pequeñas olitas salpicaban de a ratos su rostro. No iba a ningún lado. No había islas cerca. No había nada en ese bote. Lo material era eso. Lo visible. Era eso, o morir. ¿Pero cómo? ¿Abandonarse en el agua sin nadar? ¿Nadar hasta cansarse? ¿Estar ahí con la esperanza de llegar a algún lado, aunque sabiendo todo lo que había cruzado eso era imposible? ¿Cómo esquivar ese momento en donde los sueños, nuestros últimos sueños no nos indican lo que sucede en la realidad?
¿La realidad es real? ¿Es real la realidad? ¿En qué punto se hace frágil? ¿En qué momento Frederik cruzó la barrera de lo imperceptible para cambiar su forma? Ahora ser, era ser otra cosa... tan profunda y oscura... tan inmensa y llena de soledad...
Allí terminó, su bote destruído contra las piedras de una cueva perdida en el medio del océano. La lluvia, la tormenta, el huracán, el tornado, el remolino... hacían un bello paisaje, que borraba constantemente la escena del crimen. El ser ya no reposaba en ningún lado. Lo material se volvió inmaterial. ¿En qué momento podía despertar? Frederik estaba muerto... olvidaba cómo había sucedido. ¿Olvidaba? ¿Había sucedido?
La oscuridad era segura. Por lo menos era un lugar. Su rostro no tenía nada. Su cuerpo tampoco. Su dualidad era ahora simple energía de espíritu. Un soplo en el viento, espuma de la rabia del mar. Entonces... ¿Quién contó su sueño? ¿Cómo alguien sabe de los secretos de su almohada? La sensación, como en un principio dijo, fue una de las más extrañas.