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sábado, 11 de diciembre de 2010

SECRETOS DE UNA ALMOHADA - Cap 5 Luna


Ella y su vestido rojo habían sido los testigos de una despedida. Reianamill se lo había confesado y no podía creerlo. ¿Estaría vivo todavía? Sus lágrimas brotaban de la comisura de sus ojos, mojaban el rostro desesperado y el grito apagado en la habitación la ahogaban.
¿Había vuelta atrás? El presente tenía rastros de sangre, manchas de color brea, otros tantos rubí. Ella imploraba en silencio y se abrazaba a sí misma.
Por la ventana entraba la luz azul de la noche. El aire frío y su respiración a vapor eran el único motor funcionando para mantenerla con vida. Contemplaba el momento vacío de aquella muerte inminente, totalmente ajena a la situación, impotente, era imposible evitarla. La distancia hacía que las cosas fueran aún más difíciles, no más fáciles. Su trastorno obsesivo compulsivo la dejaban al borde de un avismo de nervios, sensación de descontrol y conductas, que para su repertorio, eran paranormales.
La carta rezaba: "Hasta que la muerte nos separe".
Ella no entendía. Reianamill se había ido aquella tarde sin explicaciones. Aunque sabía que la discución del día anterior podía haber tenido causas para ese efecto. ¿Y ahora cómo podía hacer que vuelva?
Su aniversario en soledad, su vestido rojo, el preferido, la casa cerrada, todo en perfecto orden milimétrico, las velas sobre la mesa, consumiéndose, mientras la cena fría hace horas se llenaba de moscas. El vestido rojo, que alguna vez lo había cautivado, con el que había bailado, y del que nunca había podido desprenderse, pasados los 20 años.
¿Hasta que la muerte nos separe?
La sensación de pánico, de vértigo que le producía salir de su casa, llevar a cabo su ritual...tardaría horas...era imposible salvarlo ya. Y si no hacía el ritual, entonces todo sería más grave, no sólo sufriría él, sino otras personas, a quienes tenía en mente todo el tiempo. No podía hacerlo así nomás. Los actos requerían perfección absoluta, sino se debía volver a comenzar. Primero, cortó su muñeca izquierda, luego la derecha, se curó con alcohol y se secó primero la izquierda y luego la derecha... las manchas de sangre no eran parejas. Repitió el ritual unas 20 veces.
Reianamill golpeaba la puerta y ella no escuchaba, ya no más. Por fin...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

SECRETOS DE UNA ALMOHADA - Cap 4 Frederik


La sensación fue una de las más extrañas. La última noche la había pasado concentrado en el examen que debía rendir al día siguiente. Sus pensamientos estaban concentrados en las fórmulas, las soluciones, los gráficos y cada uno de los útiles que debía llevar para hacer todo lo necesario para aprobar la prueba. Era de noche y una luz entró por la persiana americana... y sin querer, allí cambió el rumbo de su vida. Despertó liviano. Relajado, ya no pensaba en nada más de aquel examen. 


Se sentía sabio, pálido y con muchísimos años de más. No se reconocía en lo absoluto. Caminó por su casa. Los espacios eran más grandes que lo normal, los percibía distintos. Las habitaciones eran lúgubres, aunque entraba una luz mortecina. Había olor a humedad. Comenzó a desesperarse al ver que allí no había nada. Sus pertenencias, sus discos de música, sus libros, sus fotos, todo, absolutamente todo había desaparecido. ¿A dónde habrán ido? ¿Dónde las habré dejado? ¿Me han entrado a robar? Eran preguntas que no tenían respuestas. No entendía aquella situación y sabía que la última noche se había acostado en su cama, en la habitación de su casa....y esta parecía no serlo.


Allí sobre una mesa había una computadora. Intento escribir, pero sentía que sobre sus manos había otras que apretaban letras que no correspondían. Se asustó al percibirlas, y no quería levantar la vista. Concentró la atención en las teclas. No reconocía ninguna de ellas. ¿Cómo se armaban las oraciones? ¿Qué son las oraciones? 
Sentía que iba perdiendo la memoria. Estaba destinado a algo inconcluso, confuso, y no sabía qué era. Rápido corrió hacia otra habitación.


Allí, la niebla junto a la luz de la luna que entraba por los ventanales, formaban un alud impenetrable de almas. Sintió olores indescriptibles, su ser chocaba con energías en constante movimiento. Desesperó más todavía al ver fantasmas. Caras de fantasmas. Velos blancos volando. Corrió a una habitación contigua, preso del pánico. ¿Qué había sido todo aquello? ¿Y todo lo anterior? 


Sus pelos molestaban su visión, pero no podía corrérselos de la frente. No tenía manos y no podía mirar hacia abajo. Aquella habitación tenía más de un dolor flotante, caras cortadas y olor a sangre humana. La única ventana abierta era la que tenía frente a sí. Había que escapar de allí, a toda prisa. ¿Qué era todo aquello? ¡Qué maldito lugar! Sin dudas era su peor pesadilla, quería despertar, pero parecía imposible. ¿Lo era realmente? ¿No iba a despertar nunca más? ¿Había sido su última noche? Sin pensarlo más Frederik saltó por aquella ventana y quedó suspendido en el aire.


Una luz amenazaba con tragarlo, y lo encegueció durante un buen tiempo. Había salido de las penumbras, de la oscuridad. Sin dudas, era la peor travesía que había podido vivir. Soñar... ¿es algo injusto? ¿cómo es este último sueño? Escribiría sin dudas sobre esto al despertar... pero no sabía si iba a hacerlo. Y aquella luz no pensaba tragarlo. No. Nada de eso. Al contrario, esa luz provenía de una superficie, a la cual estaba llegando. Mientras tanto se estaba ahogando en su peor mar. Nadar era imposible, estaba suspendido, ahogándose, sin poder utilizar nada de su cuerpo. Era energía en constante movimiento, no podía decidir qué energía ser... era eso. Simple energía móvil. Llegó a la superficie y el caos fue devastador.


Vio a lo lejos un barco inmenso, sumergiéndose en una tempestad de truenos y rayos, de olas salvajes, de monstruos de mar gigantescos. Las olas saladas lo ahogaban. ¿A dónde me dirijo? ¿Qué nos pasa?
Intentaba hacer fuerzas para desplazarse de algún modo, pero estaba maniatado a ser lo que era. ¿Cómo podía cambiar? Algo venía flotando, no sabía muy bien qué era. En la oscuridad de aquel océano asesino todo era peligroso, incluso lo único que podía salvarlo. Un bote.


Un bote con un motor que no andaba, pero bote al fin. No hacía más que descansar nuevamente. Amanecía. El sol dejaba ver sus primeros rayos sobre el horizonte. El mar estaba hecho una seda. Pequeñas olitas salpicaban de a ratos su rostro. No iba a ningún lado. No había islas cerca. No había nada en ese bote. Lo material era eso. Lo visible. Era eso, o morir. ¿Pero cómo? ¿Abandonarse en el agua sin nadar? ¿Nadar hasta cansarse? ¿Estar ahí con la esperanza de llegar a algún lado, aunque sabiendo todo lo que había cruzado eso era imposible? ¿Cómo esquivar ese momento en donde los sueños, nuestros últimos sueños no nos indican lo que sucede en la realidad?
¿La realidad es real? ¿Es real la realidad? ¿En qué punto se hace frágil? ¿En qué momento Frederik cruzó la barrera de lo imperceptible para cambiar su forma? Ahora ser, era ser otra cosa... tan profunda y oscura... tan inmensa y llena de soledad...


Allí terminó, su bote destruído contra las piedras de una cueva perdida en el medio del océano. La lluvia, la tormenta, el huracán, el tornado, el remolino... hacían un bello paisaje, que borraba constantemente la escena del crimen. El ser ya no reposaba en ningún lado. Lo material se volvió inmaterial. ¿En qué momento podía despertar? Frederik estaba muerto... olvidaba cómo había sucedido. ¿Olvidaba? ¿Había sucedido?
La oscuridad era segura. Por lo menos era un lugar. Su rostro no tenía nada. Su cuerpo tampoco. Su dualidad era ahora simple energía de espíritu. Un soplo en el viento, espuma de la rabia del mar. Entonces... ¿Quién contó su sueño? ¿Cómo alguien sabe de los secretos de su almohada? La sensación, como en un principio dijo, fue una de las más extrañas.

viernes, 12 de marzo de 2010

SECRETOS DE UNA ALMOHADA - Cap 3 Reianamil

La verdad, jamás estuvo bien. Desde que conoció el desamor, la partida de su padre, la separación de sus padres... eso le afectó demasiado sin saberlo. Y nunca lo supo, hasta que lo creyó a partir de un sueño que apresuradamente hacía realidad.
Ella malgastaba su tiempo con infelicez, con personas que no le hacían nada bien. Era divino el placer sexual, pero nunca alcanzaban a enamorarse. Ella siempre iba, de aquí para allá, rebotando entre los hombres, sin saber qué querer más que amar a cualquiera que le hiciera sentir lo mismo que la partida de su padre.
Repitió esta conducta durante años, sin poder tratar de dar pie con bola.
La verdad es que al final se miraba al espejo, creyéndose repulsiva, alejadora de los hombres, un mamarracho, un carlitos. Pero sabía que la tenía clara, más o menos. Aceptaba siempre lo mismo, a cambio de nada. Le gustaban los hombres jóvenes, de a ratos, para sentirse grande y algunas veces los hombres mayores, los que duplicaban su edad o la triplicaban.
El secreto de sus ojos no existía. Su intenso dolor nunca se desvaneció. Jamás volvió a ver a su padre, el comandante Raks, que se alejó de su madre por seguir a Michel.
No comprendió absolutamente nada, y su hermano menor acompañó su mismo dolor durante años. Aunque no ofreciéndose como ella, él trataba de ser lo más estúpido posible para no esforzarse nunca en ser como él lo fue.
Bajo la almohada, una enciclopedia de hombres quedó dibujada en la sábana de Reianamil.

miércoles, 10 de marzo de 2010

SECRETOS DE UNA ALMOHADA - Cap 2 Raks

Fatigado de la insoslayable odisea onírica, se sentó en su cama con los ojos abiertos. No recordaba nada más que lo que había sentido, y eso era siempre algo confuso.
Era martes, todo había estado bien. Quiso repasar lo hecho. Primero fue al trabajo y luego volvió a casa, se encerró en su habitación y se quedó sentado en el escritorio que tenía justo delante de él. Allí jugó durante horas a los juegos en red, en especial al World of Worcraft.
Había hecho legalmente algunas maniobras en su vida. Sobre todo la semana pasada, mientras charlaba amablemente con la secretaria de su jefe. Jamás había tenido una relación seria, y la gran mayoría habían sido pagas. Era un rata de laboratorio, pero ni siquiera se daba cuenta de eso. Vivía frágil en la vida, mientras que en su laberinto de explicaciones sobre cómo instalar qué programa se sentía como un verdadero hacker.

Nada podía hacerlo volver a dormir. Intento con un vaso de leche tibia, intentó con una pastilla, pero no podía conciliar el sueño. Lo peor de todo es que la secretaria era tan distinto a él. Michel no usaba nada de eso. Estaba perdidamente enamorado de ella, pero era imposible. Su sueño podría ser ese. ¿Lo llevaría a cabo?

Mejor escribió un sobre vacío que era lo único que tenía a mano y escribió Raks, y dejó el secreto bajo la almohada. Era martes a la madrugada.

sábado, 6 de marzo de 2010

SECRETOS DE UNA ALMOHADA - cap 1 Michel

No quería contarle demasiado.
Ella, sin embargo se permitía fantasear con su destino.
Para dormir, no necesitaba pastillas. Ni tampoco que le contaran un cuento. Ni siquiera necesitaba sexo, que mal no le vendría. Lo único que hacía era imaginar el mar, sin nubes, sin barcos, sin sol, sin horizonte. Sólo el mar. Perderse en cada ola, en cada pequeña montaña de agua. Y así se relajaba al dormir.
Luego se desvanecía y abría la puerta hacía el más allá.
Al cerrarla estaba en un cuarto, con gente desconocida. En medio de una fiesta, sin saber quién era el agasajado. No tenía suerte para descansar. Primero había pensado el mar, y ahora estaba en una fiesta llena de música fuerte y gente desconocida. Por más que se tapara los oídos, la música la escuchaba. No sabía bien qué era, pero le molestaba.
En su vestido había estampada una imagen de la última condesa de Bulgaria, y su corte de pelo estaba acorde a su figura.
Ahora, como atravezando una barrera de tiempo, como viajando a través del espacio, se hallaba en un bosque. La perseguía un león, o un pájaro maldito. No lo sabía, porque no se había animado a mirar hacia atrás. Sólo sabía que corría de aquel lugar. Eso duró demasiado tiempo. Trepó árboles, nado mares, y le tocó el turno de despertar.

Su hoja había quedado escrita y la firmó con su seudónimo: Michel, hasta la próxima semana.

Secretos de una almohada (introducción)

Estaban todos descansando, de todo lo que habían hecho en el día. Entre ellos y la almohada, que la gran mayoría de las veces reposaba una cabeza, empezaron sin querer una cadena de sueños que ahora están por contarse.
Al final del día, todos ellos tenían en común una sola cosa: se dedicaban a repasar lo hecho en sus vidas hasta el día de la fecha. Yo tomo prestadas dichas palabras, haciéndome responsable de las consecuencias.
Debajo de cada almohada existe una enciclopedia de sueños y detrás de cada hombre una eterna infinidad de promesas por cumplir.
Ahora, pienso:  Si ustedes pudieron saber de lo que estoy hablando ¿van a poder identificarse?
Mi enciclopedia contiene a cada uno de ustedes. Mis promesas son dos: van a disfrutar de leer algo distinto y van a querer contar su historia a ella, la eterna bóveda: la almohada.

------------continuará-------------???