Fatigado de la insoslayable odisea onírica, se sentó en su cama con los ojos abiertos. No recordaba nada más que lo que había sentido, y eso era siempre algo confuso.
Era martes, todo había estado bien. Quiso repasar lo hecho. Primero fue al trabajo y luego volvió a casa, se encerró en su habitación y se quedó sentado en el escritorio que tenía justo delante de él. Allí jugó durante horas a los juegos en red, en especial al World of Worcraft.
Había hecho legalmente algunas maniobras en su vida. Sobre todo la semana pasada, mientras charlaba amablemente con la secretaria de su jefe. Jamás había tenido una relación seria, y la gran mayoría habían sido pagas. Era un rata de laboratorio, pero ni siquiera se daba cuenta de eso. Vivía frágil en la vida, mientras que en su laberinto de explicaciones sobre cómo instalar qué programa se sentía como un verdadero hacker.
Nada podía hacerlo volver a dormir. Intento con un vaso de leche tibia, intentó con una pastilla, pero no podía conciliar el sueño. Lo peor de todo es que la secretaria era tan distinto a él. Michel no usaba nada de eso. Estaba perdidamente enamorado de ella, pero era imposible. Su sueño podría ser ese. ¿Lo llevaría a cabo?
Mejor escribió un sobre vacío que era lo único que tenía a mano y escribió Raks, y dejó el secreto bajo la almohada. Era martes a la madrugada.
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