Hasta pronto!
16 años escribiendo historias. Conocé cada uno de mis libros haciendo clic en la imagen aquí debajo.
jueves, 3 de mayo de 2012
Viajero de este mundo (parte 2) San Francisco
Hasta pronto!
sábado, 14 de abril de 2012
Viajero de este mundo (parte 1)
ay... que dicha... que dichoso
viajar por primera vez en el mundo
se sienten aires tan hermosos
mis pies no dejan de hacerme trotamundos...
Conocer tierras lejanas,
vivir cada segundo con los ojos bien abiertos.
La energía crece al abrir la ventana
y tener frente a mí un destino incierto.
Deberíamos tener todos un momento
en el que nos permitamos viajar
dejando atrás aquellos poderosos lamentos
que a nuestra tranquilidad pretenden ultrajar.
Las luces de la ciudad de Nueva York en lo alto,
el mar y los puentes desde el ferry o un barco
los monumentos, las culturas, no hay sobresaltos
la destrucción de la rutina en la que embarco...
Mis ojos se deleitan, mis sentidos estan sensibles
y no caigo porque vuelo de tanta fantasía.
Es que estoy alerta a todo, el dolor es practicamente invisible
y lo único que sucede es que la inercia es quien me desafía.
jueves, 3 de febrero de 2011
31.000 KM DE SANDERO
jueves, 23 de diciembre de 2010
SANDERO´S ROAD TRIP
lunes, 29 de noviembre de 2010
22.345 KM DE SANDERO!
jueves, 20 de mayo de 2010
Luna Menguante de mi viajecito
lunes, 10 de mayo de 2010
El detalle natural
Estaba con mis brazos abiertos, captando cada estímulo de la energía y en mi pecho había un nudo que subía hasta mi garganta, como unas ganas de llorar de tremenda alegría. Era justo lo que necesitaba, dedicarme por entero a lo que pasa en mi vida, a vivir las sensaciones que traen contigo esa olvidada melancolía de ser felices para siempre sin importar cual es el fin de nuestros días. Encontrar en el presente el detalle de lo natural, nutrir el deseo de lo inmanente, sortear la suerte de verte a la par y caer rendido a tus pies, como un gran detalle natural.
sábado, 13 de febrero de 2010
14.000 km Sandero´s
El sol invadía la mañana, y yo ahora hacia el sur. Llegando a Bahía Blanca, mis pagos. No duré mucho ahí y salí de nuevo hacia Mar del Plata. Recorrí cualquier cantidad de rincones, paraba en la ruta, y recorría los pequeños bosques. Jugaba con la sombra que hacía una nube, que tapa los rayos del sol, y veía como frente a mí se hacía de noche. Después, si aceleraba (claro está) vencía la oscuridad y salía el sol radiante. En el auto no había acompañante más que el tiempo y las ganas. Llevaba cosas, como recuerdos, apilados unos junto a otros. El destino era casa.
Llegar me dio una sensación placentera, ordenar, acomodar las cosas nuevas (pero viejas). Y me acomodé a gusto. Veo los comentarios de una gran seguidora, Verónica (ya la tuteo, Vero). No sé que responderle. Nos líamos dice ella, nos enroscamos pienso yo. Pero ni las palabras que digamos pueden resolverlo todo. Ahí quedaron las dudas sobre un tema, sobre las cosas que escribí y que ella comentó. Por suerte, hay gente despierta del otro lado del mundo. Y me da gusto haber vuelto a casa.
miércoles, 29 de julio de 2009
8000 kms de Senderos

Así era el destino. Nebuloso, imposible de ver. De madrugada, tres de la mañana, el camino implicaba recorrer mil kilómetros de Mar del Plata a Carlos Paz. En la ruta hubo bancos de niebla, lluvia y luego sol. En ese traqueteo, en el despertar, hablando con mi copiloto entre mate y mate, inventamos una historia trágica. Mientras veníamos viajando en auto por las rutas argentinas, surgieron muchas cosas, algo lógico si uno piensa que se trata de un viaje de 1200km. Una de ellas ocurrió mientras conductor y acompañante parloteaban acerca de los bichos que literalmente explotan en la trompa y el parabrisas del auto a consecuencia del impacto feroz que la velocidad del vehículo les impone. Es decir, la variable dependiente es el bicho en su hábitat natural, mientras que la variable independiente es un vehículo material y artificial que irrumpe en el hogar natural de estas especies para ponerles fin a su vida. Supongamos que el insecto en cuestión tiene un día importante, tiene proyectos a corto plazo que ansía concretar, y su buen humor es el motor para sus logros. Este insecto comienza su día feliz, se despereza, sonríe, se toma un mate y sale a volar un ratito para despejarse. Cuando sale a volar para disfrutar de sus días de plenitud espiritual, no advierte que está por cruzar la ruta a una altura imprudente y traaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, se revienta contra el parabrisas de un auto que viene a 120km/h. Chau sonrisa, chau proyectos, chau insecto. Injusto no? tan injusto como cotidiano...
Luego de esta historia, la ruta seguía quieta mientras las gomas del vehículo no cesaban de rodar por el camino. Recorrimos un gran trayecto, pero a pesar de eso nos han quedado muchos recuerdos, de los buenos, de los que dan risa y otros de despedida.
Lo bueno es que al llegar comimos un gran asado, con cervezas y una linda noche que poco ibamos a disfrutar por el cansancio que nos vencía a cada instante.
Digamos que sabíamos que al llegar nos íbamos a relajar. Se respiraba el aire de las montañas, el lago que podía verse desde mi patio, en el cual pescabamos sin lograr nada en absoluto, salvo pasar el rato charlando. Un día, el logro fue subir una breve sierra. 2200 metros.
No sólo hicimos este único viaje. Además, hubo noches de salida, de bares y cosas por el estilo. También hubo que recorrer otras zonas de la provincia, entre ellos Villa General Belgrano, Santa Rosa de Calamuchita, San Miguel de los Rios, El Durazno, La cumbrecita, Alta Gracia y ese viaje nos tomó unas once horas. Pero lo disfrutamos como nunca.
Lo demás fueron cosas que han quedado ahi, en aquel lugar, por todos lados. Realmente, hubo de todo, sería extenso contarlo y aburrido, pero nuestra postal lo dice todo.
jueves, 18 de junio de 2009
Una realidad verde
enormes pastizales describen un universo escondido
El paisaje es bello a simple vista
pero hay una realidad verde detrás.
Una realidad verde,
que nos confunde a la hora de distinguir
una planta curativa de una planta venenosa,
un rincón de paz y una cueva de amargura.
Cuanta hipocresía llevamos dentro,
pensando en igualdad y desterrando al aborigen
que tanto conoce los secretos para encontrar
una planta, entre las tantas verdes, que cure la desigualdad.
Porque tanto verde como el dinero apaga el deseo
y tanto verde natural enciende la paz.
No digo otra cosa que la pura verdad,
porque entre votar y no votar, no hay igualdad.
Decidir pagar una deuda externa es ingrato
cuando todavía tenemos una deuda interna con nuestro origen
nuestro nativo ser, también ser humano.
¿Qué precio poner para algo tan nato?
Ellos, como científicos de la tierra, curan
sin maleficios ni ceguera
a tantos otros que los explotan para arrancarles
su realidad verde, su humilde planeta.
Una realidad verde,
piensan los tontos sobre marihuana y fumanchera
pero lo oculto no se ve
cuando estamos anclados a una suerte de realidad de flojera.
Pararse en un extremo es ir en contra de lo opuesto.
A ver, díganme. ¿A quién, con lo que digo, molesto?
No será justo, pero tampoco es honesto
desterrar un pensamiento que parecía nuestro...
Cuando hablemos de una Argentina distinta,
no hablemos de Europa, Estados Unidos, Japón, Suiza.
Porque la Argentina es igual hace años,
pero es distinta para los necesitados.
Quizás ingenuo en mi tarea, creo ganar confianza.
Porque tengo un libro que contempla la esperanza.
Porque trato con un RECURSO DE LA VIDA
hacer verde la realidad de la esperanza.
No entiendo lo que hago,
quizás pensarlo es ilógico.
Pero al contrario de todos, siento algo dentro
que me mantiene unido a ellos, y vivo.
No es lógico maltratar al dueño de nuestras tierras
Para conservar lo que no sabemos cultivar.
Cuando un ladrón tiene avaricia, codicia, gula...
se lleva por delante una realidad distinta.
¿Ustedes qué piensan?
¿Un ladrón es el político que tiene todo y endeuda
o aquel que roba una cartera y apunta con un arma?
Uno es más objetivo y otro más subjetivo,
pero ambos son reales...
lo que implica el destino para mí es una cosa:
la justicia no debe ser dura ni por mano propia,
sino cambiar de a poco la mente, para ser justos en persona propia.
La realidad verde, es aquella que plantea la duda
¿Qué planta entre tantas otras
es la que me quitará esta duda?
lunes, 25 de mayo de 2009
3000 km de Destinos





Hoy es 25.5.09. día festivo, se cumple el bicentenario de muchísimas cosas que fueron importantes para lo que hoy somos. Más allá de esas cosas, que pocos recuerdan con una escarapela en la solapa, (salvo porque festejan ya que se suma un día feriado a un lunes de poca importancia laboral) necesito contar algo. Más que contar, necesito hacer una cuenta regresiva de varios kilómetros.
Era un viernes como cualquier otro. El clima, había mejorado lo suficiente como para tener un fin de semana de la ostia. Había un tanque lleno de nafta, y corrían los primeros 3000 kilómetros en el tablero del auto nuevo, el Sandero. Estábamos Seba y Yo. El rumbo, si bien un tanto marcado con mapas y con claros destinos, era incierto ya que las decisiones se tomaban prácticamente al azar y en el momento, que a lo largo de este relato se perciben. Primero pasamos Santa Clara y varios lugares chicos. Fuimos a Mar Chiquita, antes de llegar a un peaje. Y pensamos en pasar la noche ahí (pero ya saben, nunca podíamos decidir nada. Toda decisión era incierta en algún punto, y eso favoreció mucho a que se den nuevas situaciones impensadas y totalmente divertidas). Bajamos a la playa, caminamos por la arena y fuimos directo hacia dos personas que estaban pescando. Esta buena gente, nos indicó varios lugares para pescar y para comprar carnada (me olvidé de comentar que éste era un viaje de pesca y de actividades al aire libre, pero seguramente ya se dieron cuenta de eso y no hace falta que lo explique). Luego de tener carnada, nos dirigimos a canal 5 que tenía poca agua, así que seguimos de largo hacia San Gabriel, ya que el que nos había vendido la carnada, nos había dicho que eran un buen lugar de pesca, y nos lo recomendó. Nunca nos dimos cuenta de que ya habíamos pasado el lugar, así que tuvimos que retornar, sufriendo por volver a pagar el peaje, pero por suerte no tuvimos que hacerlo. Llegando a San Gabriel, por un pequeño camino de tierra, nos dimos cuenta que los barrancos estaban cerrados. Seba se bajó y habló con una chica de unos 12 años, hija del medio de una familia de campo, que tiene los padres separados, tiene una hermana de 15 y otra más pequeña que iba a segundo grado. Los detalles surgieron en una conversación entretenida con ellas, y debatimos sobre lo lindo que es estar en silencio para nosotros (que vivimos en ciudad) y lo feo que es para ellos no poder jugar con nadie de su edad, porque están aislados del mundo, aunque siempre se entretengan con los tantos perros que tienen y con sus actividades al aire libre, colgándose de las ramas de los árboles y haciendo pulseritas para venderles a los turistas que van a San Gabriel a acampar durante el verano. Esta chica, llamó a su padre, para preguntarle si nos dejaba pasar, ya que para hacerlo debíamos entrar a su casa primero y luego seguir el camino en auto hasta el muellecito que había más adelante. No hubo respuesta en el teléfono, pero el padre llegó instantes más tarde. Cuando llegó, habló un largo rato con su patrón, mientras nosotros seguíamos contándonos cosas con esta chica. Al fin pudimos conocer al padre, que se llama Guillermo. Guillermo llamó a Daniel, el dueño del camping, y nos dio autorización para entrar y poder acampar. Eso, sin lugar a dudas, potenció la alegría que llevábamos para el viaje. Cuando la chica nos abrió la tranquera, le regalé un libro de poesía, porque me encantó la buena actitud y predisposición de la gente para con nosotros. Ni bien estabamos avanzando por el largo camino de tierra, Seba recibe una llamada... era Guillermo, que lo llamaba porque tenía una llamada perdida en su celular. La situación fue hilarante, porque le dijimos que nosotros lo habíamos llamado y que recién estábamos entrando en el lugar.
Llegamos al lugar. Estaba desierto. La tranquilidad era un silencio totalmente pacífico. Oscuridad y silencio, eran la clave justa para la paz, la pesca, el vino, los cigarrillos, la guitarra y las milanesas de Aida (la mamá de Seba), que son exquisitas. Primero tomamos unos mates con bizcochitos, mientras armábamos las cañas. Cuando Seba terminó de armar la suya, de poner la línea y de encarnar los camarones en cada uno de los anzuelos, me ayudó a mí, a armar la mía. De pronto, y de la nada, empezaron a aparecer varios gatos. En un momento, uno de los gatos comió la carnada, enganchándose el anzuelo de la caña de Seba. La caña se cayó al suelo y el gato, más que espantado y cagón, salió disparado del lugar con el anzuelo prendido en la carne de su boca, y se llevó consigo la caña de Seba, que sin pensarlo dos veces dijo la siguiente frase, en un tono más bien de calentura tranquila: “¿Vos viste lo que acaba de pasar?”. Yo sin poder creerlo todavía, me quedé en silencio con Seba, mientras escuchábamos como la caña se iba alejando y su calentura seguía creciendo cada vez que se alejaba a metros y metros de nosotros. De suerte que el gato hizo un giro en “U” y de pronto el ruido de la caña cesó. Fuimos hacia el lugar donde había terminado el ruido y con la linterna, por suerte, la encontramos. La línea estaba totalmente enredada y nos alegramos de dos cosas: primero, de que el gato se haya enganchado el anzuelo y se haya reventado la boca, porque realmente fue muy imbécil y casi hace del viaje algo un poco más aburrido. Segundo, de encontrar la caña.
De nuevo Seba hizo su línea y nos fuimos con un balde, las sillas y un vino a pescar. Ahí sin más fumamos, y tiramos muchas veces a la laguna, mientras tocábamos temas en la guitarra y tomábamos el vinito. La noche era calurosa, el clima ideal y estuvimos allí mucho tiempo, creo que desde las 7 u 8 hasta las 3 de la mañana. el lugar era paradisíaco, y nos inspiraba buenas charlas y pensamientos. Fue una lastima no pescar nada, ya que habían solamente lisas, imposibles de pescar.
Al otro día, nos levantamos y fuimos a pescar un ratito más al muelle que desembocaba muy adentro del lago. Pero seguíamos sin suerte. Comenzamos a levantar carpa y nos subimos al auto. El auto se había quedado sin bateria, así que pedimos ayuda a uno de los que trabaja ahí y empujamos el auto. Teníamos como rumbo San Clemente, pero antes pasamos por Villa Gesell, Pinamar y la Laguna de Madariaga. Los tres lugares eran lindos. Pero no nos quedamos a pescar ahí, ya que en todos lados el agua estaba baja, porque no llovía hace mucho. Fuimos a San Clemente. En Atención al Turismo, nos indicaron como llegar al camping. Fuimos hacia el lugar y el camping estaba abandonadísimo. Compramos carne en una carnicería y pan, para hacer un asado a la noche, que se acercaba muy pronto. Tiramos con una sola caña en el mar y la ciudad nos había disgustado tanto (por no decir que era una mierda) y nos fuimos. Sin saber qué hacer, emprendimos el regreso. Pensamos quedarnos en San Bernardo, pero nos pasamos de largo ya que no vimos la entrada y terminamos en Mar de Ajó, a pocos kilómetros de San Bernardo. Ahí nos mandaron a un camping y nos quedamos en aquel lugar. Hicimos la carpa y buscamos ramitas y todo lo necesario para prender un fuego para el futuro asadito. Seba iba a prender el fuego y fue ahí cuando se le rompió la piedrita que lleva el encendedor y dijo: “¿Será una señal de que no debo prender el fuego?”. El cielo estaba nublado, con un color ceniza, pero haciendo caso omiso a esto, directamente nos jugamos a prender el fuego. Una vez que iba prendiendo se largó a llover. Metimos todo lo que pudimos en la carpa y nos quedamos ahí un rato. No mucho, y al final, con actitud, muchísima actitud, nos paramos debajo de la lluvia y seguimos haciendo el fuego. La lluvia paró y comenzamos a hacer las brazas para el asado, que (de más está decir) estaba increíble. La carne en su punto justo. Comimos un kilo y medio entre los dos y lo disfrutamos muchísimo, mientras unos Tocornales lo acompañaban. Nos quedamos toda la noche en el camping, sin ir a pescar, y eso tampoco estaba en nuestros planes. Era sábado y no sabíamos que hacer. Así que seguimos alimentando el fuego con troncos que sacamos del piso que cumplían la función de estacas y yo corte varias ramas de algunos árboles secos. Así estuvimos hasta las 3 de la mañana prendiendo fuego, tomando vino, fumando y guitarreando.
Al otro día, es decir, ayer domingo, lo que sucedió no fue nada raro. Nos levantamos al mediodía y el día seguía nublado. Decidimos partir enseguida del camping para ir al muelle a pescar. Pero en vez de eso terminamos en la playa, pescando desde la orilla con líneas de fondo. El día estaba nublado y se largó a llover. Estuvimos pescando debajo de la lluvia una hora, empapándonos un poco, pero nada grave. De vez en cuando nos íbamos abajo del muelle para secarnos un poco. Pero terminamos bajo la lluvia, hasta que cesó de una buena vez y para siempre. Entonces en ese momento Seba saca un pescadito, todavía sin identificar ya que no sabíamos qué carajo era. Eso volvió a potenciar la alegría del viaje, porque era lo único que nos hacía falta para terminar con un viaje perfecto. A las 5 de la tarde emprendimos el regreso, ya que habíamos tomado varios termos de mate en la playa pescando, desde el mediodía hasta las 5. entramos en un de los pueblitos, cargamos nafta y volvimos a Mar del Plata.





