Esta vez, ni tiempo para descansar, recorría las rutas hacia el norte, pasando por Villa General Belgrano, también por Río Tercero y Cuarto. Lo mejor fue torpezar sin querer con el Valle de Calamuchita. La ruta se deslizaba firmemente sobre la montaña y eso era lo que me daba pánico: de un lado la inmensa montaña, roca viva, y del otro lado el inmenso precipicio de rocas muertas. Allá abajo, el destino final era un hermoso paisaje, un lago azulado, una isla perdida.
El sol invadía la mañana, y yo ahora hacia el sur. Llegando a Bahía Blanca, mis pagos. No duré mucho ahí y salí de nuevo hacia Mar del Plata. Recorrí cualquier cantidad de rincones, paraba en la ruta, y recorría los pequeños bosques. Jugaba con la sombra que hacía una nube, que tapa los rayos del sol, y veía como frente a mí se hacía de noche. Después, si aceleraba (claro está) vencía la oscuridad y salía el sol radiante. En el auto no había acompañante más que el tiempo y las ganas. Llevaba cosas, como recuerdos, apilados unos junto a otros. El destino era casa.
Llegar me dio una sensación placentera, ordenar, acomodar las cosas nuevas (pero viejas). Y me acomodé a gusto. Veo los comentarios de una gran seguidora, Verónica (ya la tuteo, Vero). No sé que responderle. Nos líamos dice ella, nos enroscamos pienso yo. Pero ni las palabras que digamos pueden resolverlo todo. Ahí quedaron las dudas sobre un tema, sobre las cosas que escribí y que ella comentó. Por suerte, hay gente despierta del otro lado del mundo. Y me da gusto haber vuelto a casa.
Hace mucho que no viajo sola en largos trayectos conduciendo y lo hecho de menos. Los viajes cortos, quw hago casi a diario desde el pueblo hasta la ciudad, tienen un trayecto de unos 27 km, una media hora aproximadamente. En el Cd del coche tengo música griega con canciones de la época en que Grecia liberaba una Guerra Civil; canta una mujer de voz ronca, en argot y con frases hechas metafóricas a la realidad que se vivía. Son canciones preciosas que canto a voz en grito (más bien berreo diría yo) cuando voy sola. Los mejores momentos son cuando sale el sol, llevo las ventanillas bajadas y el aroma de la flor del almendro te hipnotiza y aletraga mientras vociferas como loco de atar....
ResponderEliminarBesos y gracias por este post.
Aquí estaré, despierta.
nada como manejar...con las ventanillas bajas, mientras el aroma de todo lo que te rodea entra al auto para que se respire fresco. Tampoco, creo yo, hay algo similar o comparable siquiera a cantar a los gritos solo en el auto mientras vas viajando (yo creo que cantamos re bien cuando estamos solos...ahora, si nos ponen un micrófono delante...ni loco hablo). El viaje que hice, fue larguísimo, iba rodeando las montañas que hay en Córdoba, una provincia de acá. Montañas, rutas y precipicios, lagos allá abajo...una cosa de locos..hermoso el paisaje, peligrosa la ruta porque te quedas mirando todo lo que hay alrededor...de todas formas nadie conduce a más de 40km/h porque hay muchas curvas y eso permite aunque sea ir mirando lo que te rodea.
ResponderEliminarYo mientras tanto escuchaba un poco de The Doors, The Beatles, Gustavo Cerati, Pink Floyd, Emerson Lake & Palmer...y así hasta que escuché una amplia discografía.
Beso!