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miércoles, 29 de julio de 2009

8000 kms de Senderos

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Así era el destino. Nebuloso, imposible de ver. De madrugada, tres de la mañana, el camino implicaba recorrer mil kilómetros de Mar del Plata a Carlos Paz. En la ruta hubo bancos de niebla, lluvia y luego sol. En ese traqueteo, en el despertar, hablando con mi copiloto entre mate y mate, inventamos una historia trágica. Mientras veníamos viajando en auto por las rutas argentinas, surgieron muchas cosas, algo lógico si uno piensa que se trata de un viaje de 1200km. Una de ellas ocurrió mientras conductor y acompañante parloteaban acerca de los bichos que literalmente explotan en la trompa y el parabrisas del auto a consecuencia del impacto feroz que la velocidad del vehículo les impone. Es decir, la variable dependiente es el bicho en su hábitat natural, mientras que la variable independiente es un vehículo material y artificial que irrumpe en el hogar natural de estas especies para ponerles fin a su vida. Supongamos que el insecto en cuestión tiene un día importante, tiene proyectos a corto plazo que ansía concretar, y su buen humor es el motor para sus logros. Este insecto comienza su día feliz, se despereza, sonríe, se toma un mate y sale a volar un ratito para despejarse. Cuando sale a volar para disfrutar de sus días de plenitud espiritual, no advierte que está por cruzar la ruta a una altura imprudente y traaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, se revienta contra el parabrisas de un auto que viene a 120km/h. Chau sonrisa, chau proyectos, chau insecto. Injusto no? tan injusto como cotidiano...
Luego de esta historia, la ruta seguía quieta mientras las gomas del vehículo no cesaban de rodar por el camino. Recorrimos un gran trayecto, pero a pesar de eso nos han quedado muchos recuerdos, de los buenos, de los que dan risa y otros de despedida.
Lo bueno es que al llegar comimos un gran asado, con cervezas y una linda noche que poco ibamos a disfrutar por el cansancio que nos vencía a cada instante.
Digamos que sabíamos que al llegar nos íbamos a relajar. Se respiraba el aire de las montañas, el lago que podía verse desde mi patio, en el cual pescabamos sin lograr nada en absoluto, salvo pasar el rato charlando. Un día, el logro fue subir una breve sierra. 2200 metros.
Lo logramos, vimos un paisaje incomparable. Lamentablemente unos kilómetros más lejos todo estaba prendiéndose fuego. Pero fue un gran logro subir, divertido... una especie de cosa de espíritu aventurero, nada más.
No sólo hicimos este único viaje. Además, hubo noches de salida, de bares y cosas por el estilo. También hubo que recorrer otras zonas de la provincia, entre ellos Villa General Belgrano, Santa Rosa de Calamuchita, San Miguel de los Rios, El Durazno, La cumbrecita, Alta Gracia y ese viaje nos tomó unas once horas. Pero lo disfrutamos como nunca.
Lo demás fueron cosas que han quedado ahi, en aquel lugar, por todos lados. Realmente, hubo de todo, sería extenso contarlo y aburrido, pero nuestra postal lo dice todo.

FUE UN VIAJE QUE SEGURAMENTE VAMOS A RECORDAR SIEMPRE

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