Yo puedo decirme frente a un espejo... “no tomes ahora la decisión”... “pensa en frío”... pero me estaría mintiendo una y otra vez. En cambio ella me dice que no y por lo menos tengo a alguien con quien discutir lo contrario. Cada vez que discutí sólo me convencí enseguida de lo que fuere, sin analizar nada, ninguno de los peligros que nunca vi. Pero la opinión de mi mujer calma mi ansiedad de niño de quererlo todo ya...
Así vivo tranquilo y con futuro. Algo que ya pocos tienen. Porque es más hermoso vivir cien años que morir joven ignorante. (la juventud rockera: esa que piensa que se las sabe todas y sin embargo mueren por ignorantes...no saben beber, no saben consumir drogas, no saben comportarse, no saben revelarse, no saben escuchar, no saben hablar, no saben sentir...todo les da asco, todo les choca, escupen todo...bah!) Los secretos del mundo y la naturaleza cuando se nos revelan como una enceguecedora luz, nos permiten continuar viviendo largos años. Gracias a Dios tengo mis largos años, pero si comienzo a hablar parece que tengo más de cien. Y quien sabe. Quizás esa sea mi verdadera edad, la edad que me marcó la vida, el caminar hacia adelante comunicándome con todos sin provocar violencia... porque la edad a veces parecen ser sentimientos o etapas vividas por todos los hombres. Yo he tenido oportunidad de decir “a tu edad yo hacía otras cosas” como si la edad estuviera marcada por las cosas. Esa es mi edad y no la que me dicta desde hace tiempo el reloj de la pared y los calendarios. ¡Qué bueno haberme dado cuenta de eso en este momento! Es hermoso vivir amando la vida con una mujer amada al lado. Es increíble... recién se despertó. Me dijo sin abrir los ojos:
La abracé por detrás inmediatamente y le seguí el juego: < ¡ay! Que cositas lindas que me decís mi vida. ¡Como me encanta que sientas lo mismo que yo a cualquier hora! (era tarde). Vos también sos parte inseparable de mi vida. Sostén de mi locura. Te amo cada día más.>
Terminé de decir esto y nos separamos unos instantes. Ella murió en silencio en mis brazos y sentí su cuerpo como una flor marchita. Ya su enfermedad la había alcanzado. Le bese la nuca, levantándole los cabellos. Le repetí alguna cursilería y me dejé vencer junto a ella para ir a amarla en la distancia que nos prometimos.
Su hijo lloró al verlos desde la ventana y al oír tan hermosas palabras. La mujer había fallecido el día anterior y él todavía no podía creerlo porque ella no estaba para decirle que no... que no estaba con vida.
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