Mis ojos ya no son mis ojos, ahora son los tuyos. Parpadeo y parpadeas al mismo tiempo. Tu respiración me pertenece. Pongo puntos y comas, tildes y todo el espacio me pertenece. No te sientes tonto, sino sabio porque lees atento la magia que imaginas en estas palabras. De pronto sale de mí y de vos, una solución a los problemas, un espacio de hermanos. Ya nos conocemos. Tenemos las mismas manos que agarran estas hojas. Somos tu y yo en este instante el mismo sujeto. Aunque todavía no lo creas, imagina que tú estás entrando en mi historia, y por eso sientes como yo, vives como yo, sientes como yo de nuevo. Y a la vez yo, que soy palabra penetro en tu cabeza, para romper tus esquemas, para ir contigo a donde quieras. Y quizás no leas, sino que sigues con la vista estas palabras y sigues pensando en cualquier cosa que sólo a ti te incumbe, no importa. Yo también estoy ahí y alcancé ese cielo contigo, bien alunados los dos. Lo importante fueron esas palabras que yo escribí, las que produjeron en vos esta alteración, esta metamorfosis psicolingüística. Ahora estamos en el mismo camino. Haciendo choques eléctricos entre las hojas, las palabras, tu historia y la mía. Nuestra propia historia. Te puedo sentir respirando, porque yo respiro a la misma velocidad que vos. Nuestro corazón late exactamente igual y recordamos la misma historia. No es que yo me crea Dios, pero tú sabes jugar a serlo, y por lo tanto estamos dispuestos a abrir una puerta a la imaginación. Entonces me consideras el maldito escritor. Soy el maldito escritor que lee sus propias palabras, que piensa exactamente tus mismas cosas. Entonces te asustas. Mirás la puerta que tenes detrás, también la que tenes frente a ti y pensas que puede entrar alguien. Yo soy un psicópata que te persigue cada vez que leas estas palabras. Estás respirando. Tu corazón late tan fuerte que puedo percibirlo. Late tan fuerte que agita esta hoja que está en tus manos. Usted está aquí. Usted está aquí. Usted no está ahí, no está en su mirada. Está perdido. Se concentra, intenta pensar en lo contrario. Pierde el tiempo. No te has dado cuenta aún que en las calles te persigo. Cuando te das vuelta ahí estoy. Observándote, sin dejarte tranquilo. Sé dónde vives, a qué hora duermes, a quién visitas. Sé tus próximos pasos. Sé exactamente qué harás después. Podrás haber cerrado el libro en varios intentos de creer lo contrario a lo que digo. Pero no te asustes. Soy vos. Estás a salvo. Soy tu pasado que ahora está presente. Soy tu pregunta que define el futuro. Usted está aquí, usted está aquí. Hasta que mueras. Puede ser hoy. Puede ser mañana. O cuando yo quiera. Por supuesto, no creas que soy tan tonto como para decirte que soy la muerte. Soy otra cosa mucho peor. Soy la razón por la que tus pupilas se mueven en el unísono silencio. Hoy podría visitarte, pero seguramente no me abrirás la puerta. No importa yo sé cómo entrar sin que te des cuenta. Sé exactamente la hora en que estás en tu séptimo sueño. Y tus ojos cerrados se mueven de a ratos. Estuve observándote como aquel personaje del corazón delator de Edgar Alan Poe, pero yo no tengo esa culpa dentro de mí. Yo soy más inteligente y te espanto. Esta carta la escribí solamente para vos. Te conozco demasiado bien, tan bien te conozco que ni en el silencio podrás oírme, porque me callo más que vos. Siempre te escondes en los mismos lugares, en las mismas cosas. No te das cuenta nunca de mi presencia. Estoy enamorado de tu forma de ser, asustadiza, pero valiente. Usted está aquí. Es usted quien escribió esta carta de persecución. Es usted quien no sabe a dónde correr. Es usted quien está aquí. Usted está aquí. Se lo aseguro. Pierda cuidado. Ya nos encontraremos. Cuando yo lo decida. Pero sepa bien que usted está aquí. Esto le pertenece a usted. Guárdelo si quiere. Muéstrele a todo el mundo. Lo creerán loco y no sabrá en quién confiar. Usted está aquí.
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