Un buen vino hace de los amantes de la vida, una promesa de frutos rojos. Un poco de humo en la boca, para secar la garganta sedienta de dulces recuerdos. Una mano se posa infinita en el alma, la enternece, la mece en la cuna de la vida. El aire que golpea las ventanas son vientos que golpean y sacuden el momento único de estar desnudos uno delante del otro. Ahora perdemos la ingenuidad de no ser lo que uno es. Ahora somos más libres que los ojos que miran en todo momento el gran desfile de la vigilia.
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