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viernes, 30 de noviembre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: A LA LUZ DE LA VELA


Estaban mirando la televisión en silencio. Cada uno con su plato, su vaso, sus cubiertos, su servilleta y su porción. El noticiero no era nada atractivo. Los titulares poco alentadores. Se espera lluvia, asesinato, asaltaron a una mujer, aumentan los impuestos, discusiones políticas, el precio de la nafta, el precio de los productos en el supermercado... la inflación invisible. Cambiar de canal era poner algo como una película... pero por cable todas ya han comenzado... por lo general nadie está atento a lo que indica la revista del cable. Nadie incluso se da cuenta que la revista del cable es la revista más desechable de todos los tiempos... ¿serviría hacerla de material de papel higiénico? Por lo menos tendría un buen uso...
De pronto, el apagón general en toda la ciudad. La madre se levantó a buscar lo que sabía que algún día iba a necesitar. A pesar de los años y a diferencia  de la revista de cable, las velas por más que cambien de forma, serán útiles siempre. Abrió el paquete de seis y las prendió todas...

- ¿para que las prendés todas? -dijo el marido- con dos es suficiente. Mira si necesitamos otras después...

Ante la reprimenda apagó cuatro. Y aunque la oscuridad los consumía, los rostros familiares no parecían serlo. Tanto tiempo frente al televisor y jamás una conversación de por medio. Si bien ellos se habían conocido en un centro de atención al cliente y lo último que querían era escuchar más voces.... los hijos venían del colegio y no hablaban porque sus padres le gritaban.
Por suerte... aquel momento era diferente a todos. Un gran silencio reconfortante alegró el momento. Y los niños empezaron a reir y hacer voces ridículas, risas de fantasmas y brujas y empezaron a contar historias de fantasía. Los padres también se unieron y rieron juntos. Contaron anécdotas de ellos a sus hijos... 

Clic....

La luz volvió y se encendió la televisión. 

- Deja amor -dijo el hombre- yo me encargo.

Se levantó, apagó el televisor y todas las luces de la casa... y sintió el agradable placer de disfrutar con su familia una hermosa velada llena de recuerdos, historias y alegría.




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16 comentarios:

  1. Bien por ellos que se dieron cuenta a tiempo!...veo que llegaste apenas un ratito antes que las velas dejen de arder, Gastón, pero llegaste! jejeje
    un abrazo bien iluminado!
    =)

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  2. No soy el unico que asoció velas con relatos fantasmales. Ingenioso, pero me gusta la televisión. Y si no hay algo para ver, posibilidad que disminuye cuando hay cable, hay series en Internet.
    Igual, está bien escrito.

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  3. Bonito pero utópico. La TV tira mucho, engancha, distancia y curiosamente solo es cómplice en los enfrentamientos. Pero el intento de un mundo feliz es valido y los sueños sueños son.

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  4. Se apagó la luz y la tele y el ruído que todo lo gana, entonces entró una cosa rara, el silencio ¿qué nos decimos?
    A la luz de las velas !ojalá! cualquier esperanza ha de ser posible, antes, en el siglo I, se iluminaban con velas y no se quedaron mudos ni muertos.
    Besito mucho.

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  5. Y es en esos momentos donde reina quienes somos realmente, cuando no hay nada que se interponga entre uno y el otro, ninguna distracción que nos ayude a escapar, y es en ese momento donde todo renace o muere.
    Me encantó la historia Gastón!!!
    Un besoteeeeeeeeeee!!!

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  6. Muy bien hecho. A veces resulta gratificante que ocurran estos apagones para que nos miremos a la cara solamente para sonreirnos, pero si además se disfruta de la compañía y de la charla, mejor que mejor.

    Un abrazo.

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  7. Pues en tu relato, Gastón, antes que hablar de apagón, habría que decir aquello de hágase la luz. La tenue luz de las velas dió paso a la luz que proporciona el diálogo, el reconocimiento del otro, la comunicación largamente aplazada, las historias y anécdotas, la sonrisa y el juego. Lo dicho, ¡hágase la luz!. Así que hicieron bien en apagar la televisión y todas las luces salvo la tenue de las velas.
    Unn abrazo.

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  8. A veces pienso que si retomáramos aquellas cosas que fueron quedando atrás porque la tecnología pasó a ocupar su lugar, nuestros sentidos estarían más afianzados a los pequeños detalles que podamos ofrecer cada uno: una mirada, el tono de la voz, aromas, deseos de redescubrirnos. Me pareció muy acertada la decisión del hombre, que sin dudas venía guiada de una necesidad mucho más profunda.
    Besitos:
    Gaby*

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  9. Eso es lo que tenemos que hacer todos apagar la tele, viviríamos más felices.-

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  10. Que lindo mensaje Gastón. Apagar la luz, encender las palabras para unir a la familia, escucharse, compartir, reír y soñar. Y sobre todo estar unidos.

    Un abrazo.

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  11. Nos acostumbramos al runrun continuo de la televisión, olvidamos conversar unidos en familia.La verdad que de tanto en tanto no estaria mal un apagón si ello acerca el compartir y el escucharse unos a otros. Buen jueves Gastón.
    Un abrazo.

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  12. Un buen apagón, puede ser un gran remedio. Recuerdo tiempos lejanos, de hijos muy chicos, donde por fin de semana estaba programado en distintos barrios de Montevideo, un corte de luz, un tema de recortes. Ese día, mi casa era el punto de encuentro de familia y amigos para conversar, jugar a las cartas o guitarrear. (Qué bien hubiese venido tu visita en esos días, con tu acústica!!!)

    Besos.

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  13. Es triste; pero eso pasa mucho, la tele quita la conversación, todo el mundo pendiente de la caja tonta, y cuando se va la luz y te encuentras a solas con tu familia, entonces te das cuenta que tienes que decir algo, que no hay una tele para estar pendiente de ella y no escuchar a tu familia.
    Reflexivo relato
    Un abrazo

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  14. Es cierto que a veces estamos atontados delante de la tele, en silencio y lo peor de todo es que no sabemos ni lo que estamos viendo, o pasamos siglos viendo anuncios...
    con lo necesario que es hablar y que nos escuchen...
    Espero que puedas solucionar tu problema con el ordenador o por lo menos que consigas recuperar tus cosas, ánimo!!
    Un beso.

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  15. Me ha gustado mucho, cuentas algo que esta semana voy rememorando, como eran aquellos apagones, que cambiaban la rutina por un rato de aventura. Ahora que no hay apagones, tal vez se debería instituir alguno para volver a vivir esos momentos diferentes.
    Un abrazo.

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  16. Tarde pero llego. Relato entretenido, el final es tan sorprendente e inverosímil que lo hace una ficción más que interesante. Utópico desenlace. Un abrazo Gastón

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