Ya está todo listo... comienza el arduo proceso de corrección. Con toda la ilusión puesta en LA NUEVA NOVELA... EL ÚLTIMO ANARQUISTA (EL ÁNGEL NEGRO)... es la primera parte de la segunda novela que intento publicar. La dividí en dos partes ya que no quería que al lector se le hiciera demasiado larga. Esta primera parte (sin corregir hasta el momento) tiene 320 páginas. Completa era mucho más larga... así que aproveché para crear más situaciones, más personajes, revolver un poco más la historia... ubicada en algún tiempo de nuestra historia ARGENTINA... La Guerra de Malvinas.
Les dejo en los próximos renglones lo que va a ser el primer capitulo de la novela...
Agradezco, desde ya, toda la difusión que puedan hacer. Yo no presento mis libros, por la única razón de que no sé muy bien qué decir de lo que escribo. Las opiniones pueden ser tan diferentes que me abrumaría pensar el hecho de exponer esto frente a una grupo de personas. Lo único que tengo para dejarles es este primer capítulo y la posibilidad, en sus manos, de difundir y compartir el material. Muchas Gracias a Todos!
Durante la tarde se había quedado en su silla, frente al ordenador, tipeando y desgrabando todo aquello que había hecho durante la mañana. Eso le llevaba tiempo. Sabía que podía darle ese trabajo a algún redactor, pero para él era esencial hacerlo así. Jamás había hecho lo contrario. Además su jefe le permitía hacerlo. Si bien tardaba más que los demás periodistas, no tenía inconveniente ya que prefería difundir sus propias noticias a su manera, parafraseando artistas o poetas contemporáneos. Cuando terminó de trabajar fue a su auto, un Fiat Uno. Había sido su primer auto y lo conservó ya que nunca le había traído problemas, además los repuestos eran muy fáciles de conseguir. Si bien varias veces le habían robado el estéreo, ahora prefería andar con su grabador para el trabajo y poner música desde ahí. Prefería no usar el auto de su mujer ya que siempre había sido así. Además en el suyo podía fumar sin que le importara el olor que quedara. En la parte de atrás había papeles desordenados, algunas propagandas y cupones y dos atados de cigarrillos llenos.
Ya era de noche cuando llegó a su casa. Se limitó a descansar, escuchando música y leyendo un libro. Se oyó el llamado de la mujer que ya tenía todo listo para la cena y disfrutó de aquel momento en familia. Al terminar volvió a su sillón y sin darse cuenta se perdió en la historia por algún tiempo.
- ¿Vas a atender el teléfono? -le dijo su mujer.
El teléfono había sonado tres veces sin que lo hubiera percibido. Dejó el libro a un costado y sonrió por su descuido.
- ¿Sí? –fue lo primero que dijo al contestar el teléfono, como de costumbre. No temblaba su pulso a pesar de haber estado sometido al estrés normal de su trabajo. Estaba en la comodidad de su casa, haciendo tiempo con uno de sus libros nuevos después de haber cenado con su familia cuando el llamado lo hizo levantar de su sillón. Normalmente no atendía llamados a esa hora, pero como aquel día había sido bastante duro, supuso que su jefe lo llamaba para darle alguna tarea más antes de dormir.
- Señor… ¿Ignacio, el Perro, Núñez?
- Así es, ¿con quién tengo el gusto? –contestó cortésmente.
- Más que un gusto Núñez. Seremos amigos ¿Le parece? –dijo la voz del otro lado.
- ¿Quién habla? –preguntó inquieto en tono burlón. Su esposa lo observaba mientras se dirigía a la habitación y él le hacía gestos con la mano para que lo dejara a solas con su llamado y siguiera con su camino. Ella ni siquiera se detuvo un segundo a escuchar. Seguramente iba hasta la habitación de su hija a comprobar si estaba durmiendo o haciendo alguna tarea.
- Su mejor noticia. Quizás usted sea el único que pueda comprenderme. Lo sé porque leo sus notas en los diarios. Redacta muy bien las noticias. Pero a veces dudo de lo que escribe. No sé de quién obtiene esos datos. Los míos serán certeros, se lo aseguro.
- ¿Quién habla? –repitió. Era lo único que se le ocurría.
- Si vuelve a preguntar quién habla cuelgo y usted se perderá su mejor noticia y alguien, seguramente peor que usted, podrá recibir la misma información que pienso brindarle. ¿Está dispuesto a perderse la primicia?
- ¿Qué necesita? –dijo amargamente y con ganas de cortar la comunicación con aquel extraño, pero había algo en él que no se lo permitía. La primicia de una noticia para él era importante. Hacía largo rato que había escrito la última noticia que consideraba importante. No quería desperdiciar la oportunidad.
- Esa es la pregunta que usted debería haber hecho. Sea preciso. Tome nota. ¿Está listo?
- Aguarde un segundo.
- No, lo siento. Tendría que estar listo, no tengo tiempo para esto.
- Está bien. Diga.
- La próxima vez no tendré tiempo. ¿Qué clase de periodista es? -en ese instante la bronca de Ignacio creció de manera abrupta. Odiaba que lo insulten-. Esta vez lo perdono porque recién comenzamos a ser amigos, pero la amistad no dura para siempre. Vaya a buscar algo con qué anotar. Siempre debe estar listo. Cada vez que lo llame.
Ignacio estaba al borde de cortar, aquel tipo lo estaba enfureciendo, pero podía lidiar con él. No era la primera vez que un idiota lo llamaba para darle una información poco interesante. Pero aquel no era el caso según parecía por el tono y la ansiedad del hombre. Además ¿lo llamaría de nuevo? ¿Cómo consiguió el número de su casa?
Fue a la habitación contigua donde tenía todas sus cosas. En una estantería tenía libros y algunas cosas escritas a medias, sobre todo ideas para libros que jamás iba a escribir. Había un pequeño sillón con una lámpara de pie y dos plantas que su mujer se encargaba de regar cada vez que hacía falta y un escritorio con un ordenador. De allí abrió el primer cajón y entre los clips sueltos, las gomas de borrar y la cinta adhesiva, encontró un lápiz gastado de punta redondeada y un bloc de hojas. Lo dejó abierto, sabiendo que allí guardaba todos sus documentos importantes, papeles del auto, obra social, impuestos inmobiliarios, etc. El llamado parecía urgente así que se dirigió al teléfono.
- Aquí estoy. Dígame.
- Anote cuidadosamente amigo. ¿Seremos amigos? -Ignacio no respondió-. Ya lo verá. Si es que aún queda en su alma un poco de dignidad.
- ¿Me va a dar la información? –preguntó apresuradamente sin saber qué decir. No tenía paciencia con los extraños y menos con aquel que extrañamente lo llamaba amigo.
- Mire, aquí las reglas no las puede imponer usted. Sólo necesito que escuche. ¿Podrá ser paciente y escuchar?
- Desde luego. ¿Qué debo escuchar?
- Sólo limítese a escuchar. Deje de hablar.
El silencio invadió la comunicación. De pronto Núñez escuchó la respiración de la persona. El viento quizás. No lo sabía con certeza. Luego, un fuerte ruido lo aturdió de tal forma que alejó el auricular de su oreja y con la mano libre se la frotó fuertemente para cesar el dolor del ruido.
Tomó el teléfono con la otra mano y se lo llevó a la otra oreja. Ahora escuchaba aquella especie de viento que susurraba en el auricular. La voz apagada preguntó:
- ¿Ha escuchado?
- ¿Es una especie de broma esto? Me ha dejado sordo. ¿Qué fue eso?
- Su noticia: el ex Presidente ha muerto. Hasta luego.
- ¿Qué? –preguntó, pero el repiqueteo del tono le provocó una inmediata duda.
Anotó eso en una hoja y se quedó mirando aquellas palabras desconcertado.
Había comenzado el día como cualquier otro. Había ido a trabajar y no hubo sobresaltos. Tuvo varias noticias para redactar y era todo automático. Era rápido para su trabajo, los años le habían enseñado a ahorrar tiempo, tenía plantillas listas en las cuales insertaba cada palabra dentro de lo que era su espacio dentro del diario. Algunas veces escribía dos páginas enteras, cuando no había mucho simplemente hacía algunas observaciones. Ese mismo día había establecido lo que le parecía un record personal. Cinco páginas completas. Le había llovido información de todos lados. Una manifestación a la que había asistido para cubrir esa demanda social sobre los atrasos en las jubilaciones, luego de haber escuchado a más de diez testigos que reclamaban por la misma causa, supo como armar la noticia. Después había hecho un viaje corto hacia la autopista donde estaba cortada la ruta de acceso a la provincia. Allí la manifestación para reclamar aumento de salarios de todo tipo estaba hacía días y por más que la policía les hacía frente, ellos volvían nuevamente. Había presos, heridos en ambos bandos y una sociedad que se veía afectada por todo aquello, algunos con su bolsillo, otros por no poder acceder a su camino habitual a su trabajo y comenzaban los problemas: algunos llegando tarde, otros repudiando aquello. Demasiado común, tanto para él como para toda la sociedad. Asaltos en varios locales, la seguridad, etc. Había mucha gente interesada en sus noticias. Muchos lo creían fabulosamente objetivo, algo que para la otra gran mayoría de los periodistas era imposible. Siempre había una política de por medio en las palabras que se utilizaban. Incluso su jefe tenía otro pensamiento, pero prefería mantener al Perro dentro de su empresa ya que marcaba cierta diferencia con respecto al resto. Por lo general siempre había apasionados y opinólogos en los medios. El Perro descartaba todo sensacionalismo y apuntaba a la transmisión de la noticia sin aportar opiniones que a la gente por lo general le desagradaba. De esa forma se aseguraba de no crear bandos entre los clientes del diario y tampoco entre las personas que lo buscaban para que diera su mensaje al mundo. Algunos partidos políticos lo odiaban, pero, más allá de todo, sabían que era uno de los pocos que hablaba de la realidad social tal y como se presentaba.
Ignacio tenía un gran pasado, que nadie conocía, como corresponsal de guerra. Allí había aprendido su técnica infranqueable de olvidar los sentimientos y relatar los hechos. Le había pedido a su jefe borrar eso de su expediente ya que él tenía el poder para hacerlo. Ambos habían enfrentado situaciones duras en el campo de batalla.
Era un hombre de mediana estatura, de pelo negro con algunas canas asomando en las patillas, ojos verdes que no pasaban desapercibidos a ninguna mujer y una elegancia extraña. Nunca se lo veía desalineado. Aun si estaba vestido de sport, sabía lucirse. Habitualmente salía a comer con su mujer y su hija a un restaurante en el que ya eran clientes desde hacía años. Allí la entrada de mariscos era exquisita y su mujer amaba pedir como plato principal el salmón rosado con una crema de roquefort y apio.
Miró a su alrededor y la casa por un instante le pareció vacía. Un sentimiento de que estaba por hacer algo correcto y fuera de lo común lo tomó por sorpresa.
El día que había comenzado como cualquier otro no estaba destinado a finalizar como uno más.

Joder... otra idea de título al fiasco, pensaba titular a un libro mío así jajaja xD Nahh suerte con el libro!! :) xD
ResponderEliminar