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sábado, 23 de enero de 2010

TRIANGULO (por Sebastián Labattaglia)

Un triángulo es una especie de armazón que posee tres facetas o caras. Cada una de ellas es una representación de la situación con la que nos enfrentamos minuto a minuto, en la vida cotidiana. Cada cara piensa, siente y actúa para ser independiente, para ser autónoma. Para ello lucha desmesuradamente hasta caer en el más desgarrador sinsentido. Ingenua, se mira al espejo de la amargura y descubre el más angustiante de los esclavismos. Se ve condenada, a ser parte de un enfermizo tridente. Es combinación artística y catastrófica, armónica y ciclotímica en la tempestad del presente. Empecinada en descifrar el enigma de la libertad, osa imponerse; con eso respira. Pero la vida es algo más que un cúmulo de triángulos. Es algo menos predecible que la matemática o la aritmética. Es algo menos predecible que la forma de una figura geométrica. Cada uno traza su propia figura que, lejos de la matemática y de la lógica se enfrenta al absurdo, ridiculizándose de manera única. Lo que es, ya no será de la misma manera. Ese viaje ontológico a las puertas de la existencia será irrepetible, por más que el camino sea idéntico. El tiempo que pasó es recuerdo, es historia evocable, mas intangible. Nada más real que este instante, es hoy, es ahora. Lo disfruto porque la vida no me sonríe cada día. Lo vivo, lo tengo. No lo echo a perder por prejuicios. No cavilo estancado en el surco del desconcierto. Me complace disfrutarlo. Tal vez no exista la sabiduría, pero de algo semejante debo gozar para enfrentar y comprender los triángulos que me atosigan. Lloro de tristeza, de nostalgia o algo parecido. El llanto es sabio, no es en vano. Me descubre, me sorprende. Me guía hacia lo más profundo, es mi más íntimo detalle. No creo ser más frágil y vulnerable que cuando él viene por mí. Allí quedo débil, desnudo. Soy como nunca. Dejo de ignorarme y me sumerjo en lo más profundo de mi ser. Aprendo a conocerme y lo disfruto. Temo. Me siento extraño. Creía saber quién era. Convencido estaba de lo que creí ser. Dudo, no me aguanto. Tengo bronca y no sé por qué. Me veo inepto, me desconozco. Respiro tormenta. Avidez de calma me invade. Saldrá el sol para mí, solo para mí. Voy a encontrarme en la sonrisa de la claridad. A carcajadas voy a orientarme, aunque no sepa donde estoy. Remo sin detenerme. Soy un náufrago de locura, aunque de cordura rebalse mi ser.


Pensar, sentir y actuar para ser. Ser aquí y ayer, atrás y hoy, mas nunca allí adelante. El pasado ya ha sido, es en vastos recuerdos. Omnipresencia que sabe imponerse sin más, y otro tanto refugiarse en la niebla del olvido. Recuerdos que son luna si no lloran, huecos si no sienten. Hoy son libros. Destreza que enseña pintada de virtudes, incrustada por defectos. Osadía del recuerdo y del olvido, del sufrir y del huir, del temor y del valor, de nostalgia y de rencor.

El futuro es principio. Esencia de lo incierto, angustia inabarcable. Envestido por una vida y una historia que, apuñaladas por el sol, urgieron de deseo. Aquel deseo caprichoso e inalcanzable, que abraza el timón hacia la completitud, insinuando firmeza. Y así, aferrado a un presente y un recuerdo es solo el engaño de un mañana. Preso de la frustración y quebrado ante el afecto. Hoy es nostalgia tenaz. Nostalgia y pensamiento. Tristeza tan sutil que resulta imprescindible.

La nostalgia es tango. Fragilidad de un mundo. Melancolía, íntima tristeza. Siempre hacia un sentir único. Sentimiento sumiso, arisco a la palabra y dignado a una muerte estoica. Inmóvil, estacada a las marcas del recuerdo. Temor o cautela, prudencia o vacilación, respeto o resignación. Cualidades, mas también puntos débiles del ser. Solo son miseria, desgracia. Desventura de aquello que pudo haber sido. Hoy son encandilante futuro, allí donde no alcanzamos ver. Decepción atroz, cómplice de la indecisión.

Titubeo, duda, vacilación, incertidumbre. De algo debe tratarse la indecisión. Incertidumbre supongo que es la definición menos convincente, sustantivo que tiene como antónimo a la palabra información. Siguiendo esta lógica, como escuché alguna vez por ahí, dentro de las aulas de la facultad de Psicología, la información sería la reducción de incertidumbre. No me interesa discutir esta premisa, supongamos que es aceptable y ya. La cuestión consiste en comprender qué papel juega la indecisión en este triángulo. Si imaginamos la figura geométrica y en cada cara ubicamos un sustantivo entraríamos en uno de los enfermizos triángulos a los que me refería al comienzo del relato. La incertidumbre, la información y la indecisión parecen tres caras de una misma moneda. Es probable que usted piense: Qué imbécil, la moneda tiene solo dos caras. Pero si el imbécil es usted? Si el imbécil es el incapaz de pensar en otra realidad más allá de la que podemos percibir? No me interesa discutir si la realidad existe independientemente de nosotros o en función de nuestros sentidos. Lo que me interesa es que la realidad existe (y punto). Como tal, miles de aspectos de la realidad debemos suponerlos… y con eso alcanza para guiar nuestro comportamiento. Pensemos en un ejemplo. Imagine que se encuentra viajando en auto por cualquier ruta del país durante la noche. Imagine que esa ruta se encuentra muy poco transitada y que no está iluminada (que por otra parte es lo más común). Sumemos a estas variables que es una noche muy nublada, y que la penumbra hace evidente que la luna no se hace presente. Usted conduce con luces altas para ver lo más lejos posible, pero a su vez, si alguien viene del carril opuesto baja las luces (esto sería lo esperable, lo ético en algún punto). Usted puede bajar las luces para no encandilar al conductor que viene de frente, o por el contrario, puede no inmutarse y seguir con las luces altas (pero también, en algún punto podría pensar en que debió comportarse de otra manera). Usted ni se enterará del efecto que puede tener este último comportamiento en el otro conductor, pero puede suponerlo. De igual manera, lo que menos pensará este hombre de usted es que usted es buena gente. Pensemos ahora que por un momento la ruta queda desierta. Usted sigue con las luces altas (o las vuelve a subir si es que las bajó al cruzarse con alguien del carril opuesto) para ver lo más allá posible para su vista. Ese más allá tiene un límite, es decir que su vehículo ilumina hasta cierto punto y luego viene oscuridad pura, similar a una “boca de lobo” como suele definirse. Allí donde las luces no alcanzan a iluminar podría haber un animal cruzando, un pozo, el fin del camino, una pared, alguien detenido, un árbol en el medio del camino, etc. También puede que la ruta siga normalmente, sin sorpresas ni imprevistos, lo que sería lo más lógico. Usted utiliza este razonamiento práctico: Más allá del alcance de mis sentidos, la ruta sigue normalmente. Por eso usted no titubea y continúa su marcha. Continúa porque supone que lo que viene no tiene novedad, por eso se maneja con tranquilidad.

De esta manera, suponer la realidad es imprescindible para orientar nuestro comportamiento cotidiano. Volvamos sobre el triángulo planteado (incertidumbre, información, indecisión). Cuanta más información tengamos puede ser que la indecisión disminuya. Por ejemplo, si usted es turista y quiere llegar a algún lugar de la ciudad, tiene poco dinero y lo único que sabe es que el lugar queda cerca, se decidirá más fácilmente si se larga a llover y alguien le dice donde es la parada de colectivo. Por otro lado, puede ocurrir lo contrario. Si duda entre viajar a Brasil o Colombia y sabe que los dos precios son similares, que ambas playas son bellísimas y con agua cristalina, que en Brasil lo espera un amigo y en Colombia un familiar, que solo tiene dos semanas de vacaciones, que Brasil es más cerca pero a Colombia no sabe si volverá a tener la oportunidad de ir, que la gastronomía brasilera es excelente y las frutas colombianas son variadamente inigualables, que en estos días se presenta García Márquez en Bogotá (y usted ama sus libros) y también juegan Brasil-Argentina en San Pablo (y ama el fútbol), etc. Cuanto más sabe, menos claro tiene el panorama. En definitiva, con información o con incertidumbre, la indecisión probablemente aparezca, pero depende de usted por qué cara del triángulo queda gobernado.

2 comentarios:

  1. Desde mi punto de vista, lo escrito es excelente. Disculpá seba, no trato de robarte nada, y ojala en algun momento tengas la posibilidad de publicar esto. Mientras tanto tomé coraje para publicarlo, porque creo que el mundo debe saber sobre qué triángulo está gobernado. Mientras tanto yo me inclino a la incertidumbre ya que nunca podemos sino suponer cosas. Y supongo que sé menos de lo que tanta información que hay por ahí me dice... asi que prácticamente uno no sabe nada, más que lo que uno supone de lo que sabe. Esto que escribiste, desde mi punto de vista, ES GENIAL, MUY BUENO Y EXCELENTE...

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  2. Muy bueno el escrito, tienes razón. Sólo que en mi caso sería un poliedro de infinitas caras....
    Una cara por experiencia vivida, porque lo vivido en nuestra "realidad establecida" y falsa, evidentemente, hace que tomemos decisiones que volverán a añadir nuevas caras en los poliedros...
    Hablaríamos de ontología y no acabríamos, y volvería a liarme de nuevo, je.

    Besitos y buenfinde.

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