La base de nuestra vida, formada por sólidas columnas
nos hace elegir caminos sin saber hacia dónde vamos.
Esos caminos, a los cuales pensamos como los más correctos,
nos son ajenos a veces.
La base de nuestra vida, nos dirige sin querer
al abismo de la culpa, de la pena y el dolor.
Esa base, que a cada instante pide otro soporte,
debería al suelo caer.
Entonces, aprender a reconstruir la vida,
hacer escombros con lo anterior.
Partir de cero, si no hay otra salida,
pero con un suelo más firme, mejor.
Y soportar la carga de la destrucción de nuestra vida pasada,
dejar de protestarnos contra nuestra propia moral.
A veces, hay que dejar de lado
el sufrimiento que nos provoca sentirnos más.
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