Revolución en la vida de un adolescente. Siempre hay una y son luchas constantes, que se acumulan y le forman la personalidad. ¿Cómo hubiera podido saber? Ya tenía una personalidad un poco firme... además es el menor de tres hermanos y eso francamente lo hacía crecer más rápido que el resto de sus amigos que eran hijos únicos o eran los más grandes en su familia. Los hermanos son ejemplos muy fuertes para todos... son los primeros amigos que uno tiene... aunque, también por cuestiones de lugar se pelean y se aman.
Volvía en auto, manejaba su madre. El colegio ese día no le había producido nada. No estaba cansado y no había tareas para el otro día. Ella fue al grano:
- Mirá hijo. Papá esta pasando un momento muy dificil. Y es importante que vos estés ahí para ayudarlo. Necesita escucharte.
- ¿Qué pasó?
- Mirá, para resumirla, tu papá fue injustamente acusado de asociación ilegítima y según lo que el abogado dice, eso podría ser entre uno o dos años de cárcel. El problema es que mientras esta investigación se lleva a cabo papá estaría adentro de la cárcel.
- Eso es injusto. ¿Hay pruebas de eso?
- No. No tienen nada. Es una causa inventada. Un tipo que vende autopartes robadas, estereos, parabrisas, le cayó la policía y para no quedar pegado porque no quería pagar la coíma dijo que estaba asociado con tu papá. La polí lo apretó con puras palabras, lo asustaron con lo de la asociación ilegitima y se fueron.
- No entiendo. ¿Por qué mintió?
- No es nada más eso. Papá nunca le compró nada a este tipo. Ni un tornillo siquiera. Y viste como es papá, tiene más plata por vender autos usados que por trabajar en la construcción.
- Y sí...
- Bueno, el tipo vino a casa rogandole que lo perdone... Papá lo quería matar... lo metió en un lío bárbaro.
- Y sí... ¿y ahora?
- Eso. Con todo esto que te cuento por arriba, tenes que pensar en decirle algo a papá.
- ¿Qué le tengo que decir? Que se vaya.
- ¿Cómo?
- Y sí... ¿se va a quedar acá esperando a que busquen algo que no existe? Que no sea estúpido y se vaya...
Llegaron a la casa y mientras ella terminaba de cocinar el almuerzo dijo.
- Viejo, tu hijo tiene algo para decirte.
- ¿Qué?
- Nada viejo, quiero que te vayas, que no te quedes acá esperando a que las cosas pasen. Andate. Pero andate ya.
Comieron en silencio... sin tocar ese tema... al finalizar la semana, era un domingo de lluvia y una noche cerrada que parecía que no iba a terminar jamás. Se subió al taxi y nos saludó. Se fue a la terminal y por un tiempo largo no lo volvió a ver.
Mientras tanto la situación con la madre era buena, de mucha unión y comunicación. Él intentaba seguir adelante y ella estaba destruida por dentro, luchaba casi sin fuerzas. Se acercaba el día de la primavera y toda la juventud se iba una semana para festejar el día del estudiante a las Playas que había cerca de la ciudad.
- Má -le dijo él mirandola a los ojos- me doy cuenta que los dos estando lejos son inútiles. No saben qué hacer y se necesitan. Dos cabezas piensan mejor que una... y lo mismo los corazones. Cuando vuelva del viaje no quiero que estés acá. Yo voy a estar bien, pero ustedes tienen que arreglar esto lo antes posible. Vuelvan a estar juntos. Adelgazaste más de 10 kilos en una semana porque los nervios te consumen. Andá con él.
- Esta bien. Esta bien.
Lo decía sin ganas pero sabiendo que era verdad.
- Chau ma. No estés cuando vuelva.
Y así fue... al volver y luego de haber quebrado en mil llantos allí con sus amigos que lo sostenían para que no se fuera como un papel con el tornado, reinaba el silencio. La casa inmensa y los dos perros allí, una vida para hacerse cargo, un desafío que... ¿CÓMO HUBIERA PODIDO SABER? Además las cosas en su transcurso habían sido espantosas... la policía haciendo allanamientos en la casa, invadiendo propiedad privada, tratando de encontrar pruebas a un caso que no las tenía, pidiendo coimas, saqueando valores personales.
Lo fue en cada palabra... y lo fue en cada letra.... una REVOLUCIÓN.
Gracias a eso hoy estamos más unidos...
Gracias a eso, hoy tengo más fuerzas para avanzar. 16 años y situarme en los zapatos de él para escapar... y de ella para ir con él... lo dificil fue volver a mis zapatos, pero con el tiempo se volvieron a acomodar muy bien.


Una bonita historia, y un hijo que más quisieran muchos. No pensó nada en él, cosa que muchos hijos no hacen, y puso por delante la felicidad de sus padres.
ResponderEliminarUn abrazo
Sentí que no me quedaba otra que pensar por ellos. :D gracias por tus palabras un beso!
EliminarHas puesto el final de la historia, y casi una vida, en los cuatro últimos renglones del texto. Enhorabuena
ResponderEliminarufff... que resumen no? jejeje... un saludo!
EliminarGuau! que historia. No sé que decir la verdad. Trato de ponerme en tus zapatos de 16 años y no me imagino aconsejando a mi viejo que desaparezca por un tiempo y luego obligando a mi vieja a que vaya a acompañarlo. Seguramente me hubiera sentado en el piso a llorar, nunca fui muy valiente como verás.
ResponderEliminarCreo que tu idea fue buena. Como, COMO COMO COMO??? explicarle la cuestión a la cana, justo a ellos je. Me imagino lo que habrán tenido que aguantar. Entonces mejor guardarse un tiempo, pagar por algo que uno no hizo ni de cerca no es la idea, la cárcel te mata y si no sos delincuente te transforma en uno.
Uhhh, bue, me gustó conocer a este Gastón tan lejano de mi idea (viste que uno se forma una imagen de las personas que nada tiene que ver con la realidad, que tontos somos)
Un abrazo
Que bueno que te haya gustado. Muchas gracias por tus palabras... no me parece malo formarse imagen de los demás... y me parece mucho más lindo cuando la imagen es errada y la nueva nos gusta más... a veces pasa lo contrario no... pero :D esta muy bien. Un abrazo!
EliminarQué terrible pensar que historias como estas puedan ser ciertas!...tener que huir aún siendo inocentes demuestra que la sociedad está corrupta y que la justicia no existe. Terrible también asumir a esa edad decisiones tan difíciles!...a veces se ha de madurar mucho más rápido de lo que se debería. En todo caso, de la adversidad también se sacan buenas enseñanzas.
ResponderEliminarUn abrazo enorme y felicitaciones por la excelente conducción de este jueves.
Por supuesto, siempre me quede pensando que de esas cosas saqué mucho aprendizaje para mi vida y para mis conductas hacia mi familia y hacia los demas que supieron apoyarme y sostenerme... gracias monica por tus palabras! un beso!
EliminarUn chaval que supo ponerse en el lugar del padre y la madre, dando consejos de adulto, preciosos, dolorosos, !admirable muchacho! Si se quedó descalzo un tiempo, luego aquella conducta le valió para madurar siendo hombre decente, y los padres, seguro, valoraron que tenían una joya de hijo.
ResponderEliminarRelato muy bien trazado, con los modismo de acá, fascinantes, con las vidas de acá y de aquí, en una situación difícil que has resuelto magistralmente, con una empatía que hace reflexionar y merece la pena. Besitoooooooooo, conductor super amable, un éxito la convocatoria gracias a tu idea luminosa.
:D gracias nati... muchas gracias por tus palabras. un besito!
EliminarPues de gran valentía es la opción que tomó, no solo él, supongo que para sus padres no tuvo que ser fácil dejar atrás a un hijo. Ojalá todos supieran calzarse así los zapatos, es un acto de generosidad tremendo... tremenda reflexión en los tiempos que corren donde los más jóvenes, en muchos casos,tienen escasos valores...
ResponderEliminarMe gustó tu enfoque
Besos!!
es que después me di cuenta con el tiempo lo que habia hecho y a mí me asombró haberme posicionado de esa forma, me salió casi instintivamente. un beso!
EliminarLos hijos que a veces deben de jugar a intermediarios, en este caso con final feliz. Besos.
ResponderEliminarpor suerte con final feliz, seguro! :D a veces no queda otra... se madura en algunos casos a empujones... besos!
EliminarMe sorprende la madurez del chaval que, pese a su juventud, supo ponerse en los zapatos de sus padres y aconsejarlos en una difícil situación. Tomó decisiones que no fueron fáciles, pero al menos se quedó con la conciencia tranquila sabiendo que habia hecho lo más conveniente. Un extremecedor relato, Gastón. ¡Ya quisiera muchos padres de hoy en día tener un hijo la mitad de responsable que el protagonista de tu historia! Un beso.
ResponderEliminarEl protagonista de la historia no fue ni más ni menos que ... yo... jejeje... la historia es real... no quise aclararlo, pero es real real...:D fue instintivo actuar así, en ese momento no lo supe... me di cuenta mucho después! un beso!
EliminarA veces los hijos nos sorprenden, más en este caso en él que ha sabido actuar con madurez y reconocimiento hacia sus padres, sin egoísmos, anteponiéndolos a todo. Es en determinadas situaciones que la vida nos enfrenta, cuando descubrimos la valentía, el respeto y el amor que nos prodigan. Un buen ejemplo y un emotivo relato, que da un broche final a la propuesta que nos planteaste. Un gusto compartir, Gastón, (lo dije bieeeeennnn, hurra! jaja! vas a pensar que soy medio gagá, pero aún me falta un poquito para eso, solo despiste no más!).
ResponderEliminarUn beso al vuelo:
Gaby*
jejeje.... a veces uno se despista... no importa :D a veces uno mismo se sorprende... y sí que los sorprendí a ellos :D un beso!
EliminarCuando llegué al final me quedé sin habla... Increíble acto de amor, dejar los zapatos en el momento más lindo de la vida (la adolescencia) para liberar a otros y ponerse esos zapatos apretados y dolorosos, es más bien un acto de heroísmo y solidaridad que solamente un vínculo tan especial como el que nace entre los padres y los hijos puede ocasionar.
ResponderEliminarExcelente relato, con una emoción y un giro final sorprendente.
Abrazo gigante!!!
gracias sindel. espero tu pronta recuperación y participación para los venideros jueves! un beso!!!
EliminarEsos últimos renglones Gastón lo dicen todo, despliegan el dolor y el amor de un hijo. Me encantó.
ResponderEliminarBesos.
sí... son los últimos renglones lo que le da la autenticidad real al relato... un beso!
EliminarY el muchacho se puso los zapatos de los padres, y se puso los zapatos de adultos cuando todavia había tiempo para ser adolescente. Fueron esos tiempos de crecer a los porrazos sin dudas, ojalá que al regreso de los adultos a sus zapatos el muchacho haya encontrado algo de lo perdido en los suyos. Conmovedora esta historia que nos relatas Gastón, las familias soportan tempestades como los barcos, y salen fortalecidas. Te mando un fuerte abrazo
ResponderEliminarno me salió otra forma de reacción... por lo visto, y con el tiempo, me di cuenta de que fueron buenas esas decisiones, dolorosas sin dudas, pero que sirvieron para el hoy. Un beso!
Eliminarjeje... al final sin dudas lo creí asi... salí con muchas más cosas de las que tenía. Aprendí mucho de todo esto. Gracias. un beso!
ResponderEliminarHace unos meses, tal vez cuando hablamos mi calle, escribiste algo que me dejó esperando una continuación. Creo que es esta. Creo que he comprendido algo muy importante, decisivo en tgu vida.
ResponderEliminarUn abrazo largo y cariñoso, querido amigo.
Que memorioso... muy bien por sacar historia de otro relato juevero... impecable lo tuyo juan! un abrazo! y sí... no es la continuación, pero es dentro de la misma historia, capitulos que puedo hacer por separado. jeje...
EliminarUna decisión que requiere madurez y sabiduría, es algo realmente difícil. No es solamente ponerse en los zapatos de otros y comprender, es también actuar. Si en otros relatos de este jueves me refería a una noble tarea (ponerse los zapatos del otro), en este caso me quedo sin elogios. Me deja muy reconfortado saber el final, en la últimas palabras llenas de emociones.
ResponderEliminarGracias Gastón por aceptarme en estos relatos de los Jueves y gracias a todos por sus mensajes!
Bueno, gracias a vos por participar Luis... esperemos verte más seguido eh? bienvenido a esto de los jueves... es un grupo que te va a gustar mucho. te apuesto que después no vas a dejarlo... somos una secta de las buenas! :D jajaja... aunque no prometemos el cielo eh! sólo lectura y ganas de compartir. un abrazo
Eliminar