Dejame decirte primero
que el triángulo no suele ser equilatero.
Además de eso, y segundo,
no hacen falta las amenazas
ni reproches, ni caprichos,
porque entendemos este mundo,
vivimos en él con esperanzas
y sueños, desde que somos chicos.
Quiero pedirte, tercero,
que aceptes la limitación
a la que han llegado tus deseos.
Yo no soy el último y tampoco el primero
en equivocar lo original por una imitación
que termina en angustia y terribles mareos.
No entiendo por qué, y cuarto,
para qué decimos y decimos sin escucharnos
y al final cada uno se va con lo que piensa.
Al final la culpa siempre la tengo yo cuando parto
y me lastimo de tanto lucharnos
en esta fiebre que ha dejado de ser intensa.
Al final supongo, digo quinto,
que nunca supiste nada de mí
aunque parece que así sea.
No puedo ponerle hielo al vino tinto
ni soda, ni agua, nada que se le parezca a ti
porque lo puro cuando me embriaga me hace rehén de su marea.
Cuando apenas sepas, quizás pensando en el sexto,
lo que la lucha de mis días a cada rato enfrentan
demonios y ángeles lleno de condenas...
dejarás de leer este maldito texto
dejarás de esconder lo que los sentidos aparentan
y dejarás, al fin de sufrir tantas penas.
¿Cómo duermes de noche?, el séptimo... espero...
¿Cómo el alma rota no se corrompe?
¿Cómo entender lo que nadie llora?
No tengo ganas de decirte "te quiero"
la lucha constante al final es violencia porque todo rompe
y ya nada deja al azar: ES NUNCA... o ES AHORA.
No consigo alterar las agujas del tiempo, llega el ocho,
porque cuando las cosas fluyen
yo siempre me detengo.
¿Acaso no viste lo que derrocho
cuando las posibilidades huyen
de todas las veces que vengo?
Para qué decirte, siquiera, que tengo nueve
razones para comportarme como lo hago
mientras tú insistes con lo menos conmovedor.
Cuando en tu vida sale el sol, en la mía llueve
y no hace falta decirte cuánta agua trago
en este mar, si se hace un remolino a mi alrededor.
Esta bien, mejor son diez razones
para recapitular todo lo que me pasa
y encontrar una sola respuesta al enigma.
Vas a aprender que cuando los temas que tocan corazones
invaden más almas de las que puede abarcar, se derrumba la casa
de naipes que tanto quisiste decorar y ya nada te quitará el estigma.
Es en realidad una sensación muy familiar, eso quiere decir que o bien la has vivido directamente tú o bien has sabido describirla acertadamente. El arrastrar a una persona que llevas al lado pero no dentro, es un lastre insufrible. Amarrase a alguien que por un espejismo parece que será pero no es, es aterrador al llegar. Cuando ves que pasa el tiempo y esa persona que tienes cercana no ha conseguido ni aproximarse, aléjala.
ResponderEliminarEl día que menos quieres aparece la sorpresa y da trabajo, dolor y te invade la prudencia, pero algo dentro de nosotros dice que vale la pena apostar, apostar de verdad.
Te esperamos el jueves en el fin del mundo, trae algo de comer que será largo!
Besito.
Entiendo que en el comienzo, al hablar de que generalmente los triángulos nunca son equiláteros, nos metes en el quid del conflicto de esta relación. Si hay tercero en discordia a la larga a la corta siempre el pretendido equilibrio llega a su fin y por algún lado estalla.
ResponderEliminarUn abrazo.
Quiero pensar que asi solo se escribe cuando te arañan dentro... y asi nos dejas este directo y desgarrador decálogo. Precioso.
ResponderEliminarUn beso
No te das una idea de como me llegó este poema.
ResponderEliminarTantas palabras dichas para que cada uno se lleve lo que quiera guardar de ellas, mil veces me siento culpable siendo inocente, mil veces soy víctima de manipulaciones de la razón. Todavía estoy luchando para poder cambiarlo y que se caiga de una vez esa casita de naipes que el otro construye con sus ideas egoístas.
Excelente :)
besitos