Yo tengo ganas de atravezar el espacio, no sé si de llegar al punto infinito y darme cuenta que todavía hay más. Sólo expandir la mente, buscar esas fibras que salen del pecho, la energía que toma a las cosas y las convierte en objetos que mis ojos observan. Dejar de transformar la realidad, para observarla, absorto, así como es. Mi mirada perjudica mis palabras, mis conceptos, y al final estamos errando en el camino de creer que estamos en lo cierto.
No sé si la entrada anterior tiene que ver con esto, quizás sí, quizás lo inspiró la charla que tuve hace poco sobre todo esto que nosotros planteamos sin saber que decir. Somos un granito de arena perdido en el viento, y yo meditando ahí sin saber a dónde viajo, pienso en qué pequeños que somos, cuánto daño nos hacemos, qué mal que la pasamos, cuando a mi me sonríe la vida a cada instante.
Nos hacemos imposibles las metas, o nos hacemos imposible la vida, nos ponemos trabas a la libertad, y yo sigo soñando este absurdo de creer en que algo nos puede liberar. Ni algo, ni alguien, ni nada nos puede liberar. Porque así pretendemos dividir la vida, en libertades y encierros. En blanco y negro.
Yo tengo ganas de rozar el espacio, de sentir el tiempo y sentir que puedo detenerlo en mi cabeza que es quien me dice todo.
Ya me pierdo de tanto que no digo y de tanto que quiero decir sin decir. No estoy para que me hagan caso, sino solamente estoy acá, siendo una palabra que pretende abrir las puertas de tu imaginación.
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