Podría contar un cuento,
uno bien conocido,
uno que habla de la costumbre,
del que se acostumbra y del acostumbrado.
Era un científico que calentaba el agua
en una gran olla.
Y buscaba en su patio ranas,
para comprender nuestros comportamientos.
A ciencia cierta, una de las ranas
al calentarse el agua y hervir,
fue tirada sin más a lo que parecía ser su fin.
La rana, en la superficie dio un salto
y salio un poco aturdida de allí con vida.
La otra rana, al contrario fue sumergida con el agua fría
mientras el fuego lentamente la iba cocinando.
Nunca supo qué sucedía
hasta que por fin el hervor la cocinó.
Aunque triste el cuento para una de las ranas,
nos muestra un poco, la realidad a la que nos acostumbramos día a día,
el estar sumergidos constantemente sin ir más allá
hasta morir sin motivos ni causas justas.
Y aquel que constantemente camina
conoce e investiga el horizonte
es quien victorioso conocerá
las grandes cosas que nos esconde la vida.
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