Tenía que hacer el bolso,
salir de viaje,
cuando un viejo amigo llama
y me pregunta por mi vida.
La verdad es que bien, contesté,
por irme lejos, a algún lugar que no conozco
con ganas de llenarme de energía,
de salir de la rutina.
¿Pero cómo haces?
¿No tenes cosas más importantes
que hacer en la vida?
¿El trabajo?¿El estudio?¿Tus obligaciones?
La vida se pierde en cada una de ellas
y así no se vive la vida.
La vida real, la del hombre especial,
la del hombre real en la realidad.
Nunca pusiste un pie sobre la Tierra, me dijo
cuando en realidad él vivió siempre condenado a su tarea virtual.
Nunca hiciste algo que valga la pena, me dijo
cuando en realidad él nunca supo qué hacer mas que trabajar.
Él tenía el dinero, pero yo la libertad,
él se creía digno, pero yo sentía dignidad.
Él pensaba que vivía la vida, cuando se dedicaba a ser esclavo.
¡Él me dijo! fue él quien me dijo: vos sí que sabes disfrutar.
Y cuando siguió en su tarea
yo salí de viaje sin más que pensar.
Y lo viví todo de ida y de vuelta,
porque sabía que esto en algún momento iba a continuar.
Décadas de intensos momentos estuve,
con los pies sobre la Tierra que nadie vive,
con los sueños que todos olvidan
mientras mendigan por vivir el sueño ajeno al ser.
Entonces pensé aquella pregunta:
¿Tengo cosas más importantes que hacer en mi vida?
Resonó horas, años y décadas en mi cabeza.
Supe responder en actos: la respuesta fue NO.
No, porque lo importante para otro no era importante para mí
porque aprendí a ser caminando
no siendo guiado por un perro sin olfato.
Y aprendí mucho más que con la calculadora en mano,
aprendí más de lo que los libros dicen,
vi más de lo que uno suele mirar cotidianamente pasando todo por alto.
Digamos que no hay cosas más importantes en la vida, como ser uno mismo
y ya.
Quien dijo que elejir un camino era fácil...
ResponderEliminarExcelente escrito.