El silencio era tan intenso que llenaba todos los espacios de la habitación. No había lugar para ningún error. El ruido más mínimo podía arruinarlo todo y el plan fracasaría. Eso no era lo que deseaba. El equipo estaba atento a sus movimientos.
Él estaba sentado en su silla. Miraba constantemente la mesa que estaba delante de él. Su bata blanca rozaba el piso, que estaba tan blanco que podía enceguecer a cualquier ojo albino. Su mirada estaba perdida, y sus manos temblaban delante de sus ojos. Se tomaba las manos como si rezara para que todo terminara bien y al fin lo dejaran salir de allí con vida. Ése era su máximo deseo. No quería otra cosa que su libertad. Solamente deseaba salir de allí, correr a toda prisa, dejar ese lugar para siempre.
Por los pasillos no andaba nadie. Ni Luis XVI, ni Nemrod, ni Sánatas.
Era hora de comenzar el último juego. Ya no quedaba nadie. Los nervios, la ansiedad, la verdad, todo había desaparecido...
Quedaban vestigios de luz en la habitación. Faltaba poco para que anochezca. Si tardaba unas horas más todo podía acabar mal y el plan no resultaría y todos quedarían encerrados.
Tomó nerviosamente su lapicera. Comenzó a escribir compulsivamente para que quedara el registro de aquel momento que parecía una locura. Era extraño que nadie interrumpiese tan absoluto silencio. Debía apurarse porque sin luz ya no podría escribir y nadie podría leer el mensaje.
El pasillo es extenso. Totalmente blanco. Mi única salida es atravesar las puertas que me impiden salir. Pero ¿cómo?. Aquí abajo nadie escucharía nada. Primero debería subir la escalera, esquivar algunos lugares como la recepción y otras habitaciones, y salir por la puerta trasera. Escapar es lo único que me queda, porque aquí no puedo estar ni un minuto más. No queda mucho tiempo para que vengan por mí. Entraran por esta puerta y sin preguntar sabrán qué hacer. Al salir, iré caminando lentamente y mal, para pasar desapercibido con los demás. No quiero persecuciones. Basta de persecuciones. Ya tuve suficiente. Esta será la última vez que hable de ello.
La puerta se abrirá en unas horas, eso me dará tiempo para terminar con todo. Podré escribir y esconder mis soluciones y escapar en busca de mi libertad. Es una lástima no poder despedirme de mis amigos. Ellos sabrán entenderme. Eso espero.
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