Parecen ser sueños y películas;
son casi reales los hechos
pero sólo la imperfección
con la que se produce este fenómeno
es lo que hace que nada sea verdad.
Odio a aquellos a quienes por descuido
hemos olvidado en los libros
y los odio por no haberlos amado
porque el ojo público
no ha dejado que lea
las líneas que ustedes, quietas, han dejado.
Nada ha sido real desde ese entonces,
todo era irreconocible, paradisíaco
éramos casi una especie hermafrodita
y surgió la televisión
que la belleza y el encanto quita
a estas pobre líneas de veneno que le escribo yo.
Este maldito ojo público
que nunca parpadea
que toma sólo imágenes
y no sabe de la vida de nadie
actúa como intruso de nuestras vidas
y está encima nuestro todo el tiempo.
Nos hace creer mentiras
nos pone violentos, nos domina,
él nos deja ver pero no logra vernos
él nos enseña pero nunca supo nada
él nos muestra una vida bella que nadie vive
él nos arrastra al sillón de la muerte.
El ojo público, el ojo enemigo
que es perfecto para nosotros
y nunca a sí mismo se ha visto
el ojo que ve mundos que parecen irreales
y nos traga y nos mastica
y nos escupe muertas moralejas.
El ojo que nos hace olvidar nombres
y nos recuerda en imágenes.
El insecto que nos vigila desde la cornisa.
Hay quienes huyen.
Hay quienes sobreviven.
Hay quienes cierran sus ojos.
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