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sábado, 25 de abril de 2009

BÚSQUEDA SILENCIOSA: 9/2/04

Solamente

busco a un Dios que me condene

y no a un Dios que me perdone

y sólo podré hallarlo en tus ojos.

Así me crió el destino.

Aún, se puede decir, sigo

siendo crío del mismo pasado

y del mismo presente y del último futuro.

Frustrado por saber

una sola cosa en realidad.

El amor duele;

y duele mucho.

El amor duele

si se tiene o se pierde

o si es arrebatado

por otra vida o la misma muerte.

El amor duele

en la distancia y en los brazos

en la fe y la desconfianza

en la batalla y el ocio.

El amor duele

porque existe y no acude a nosotros

y se esconde en el moho

o bajo alguna especie de acacia.

El amor duele

porque es un cristal frágil

que con amor puede hacerse añicos

y cada pedacito esparcido sería un nuevo remordimiento.

Y así me crió el destino.

Mi alma lucha con fuego y hielo

y nada se calma...

todo es una simple lucha que la muerte ganará.

El amor duele

hasta en el odio

duele y lastima

y a veces, sin culpa, mata.

El amor duele

y no va a cambiar

no hay amor que no duela

y nada va a cambiar.

Sólo busco a un Dios que me condene

y no a uno que me perdone

y solamente podré encontrarlo en tus ojos

que me aman con demasiado dolor.

Y también yo,

he logrado amarte

tan dolorosamente

que aún con odio a que todo termine

no le temo a la muerte.

El amor duele

en la belleza y la pobreza

en la codicia, en el alma

en la razón y la verdad y la mentira y la duda.

El amor, a fin de cuentas,

es el Dios perfecto

perdona los errores, hasta los más graves

y nos condena a seguir amando.

El amor, a fin de cuentas,

únicamente pude hallarlo en tus ojos

y así y todo

el amor duele, aún en la búsqueda silenciosa.

El amor duele

porque creemos en él

a primera vista

en vez de creer en él sin antes verlo.

El amor duele

porque es puro, real, verdadero

y duele aún más

si se juega con él, padre de los sentimientos.

A veces una nube

puede cubrir al sol

a veces una lágrima

puede derramarse por amor,

y qué mejor que se haga añicos

contra el árido mundo

para que sembremos

un poco de él en cada uno.

El amor duele

porque se alimenta de nosotros

y nosotros de él

y duele porque seremos los primeros

en tener hambre

y los últimos en comer sólo migajas de su cuerpo.

El amor duele

si no se cuida de él

si no se protege

si no es alimentado.

El amor es rico

y nos hace pobres y humildes

porque a él entregamos todo,

todo... incluso entregamos amor... y duele.

El amor duele

porque en el silencio nos habla;

en los sueños nos enseña

pero en la vida nos esconde las palabras y los sentimientos.

El amor duele

porque es una luz, en algunas ocasiones,

que permanece encendida en la noche

y en la mañana se apaga.

El amor duele

porque es una brújula sin relieves,

nos deja atravesar horizontes

y nos deja alejados de todo lo demás.

Y duele, duele tanto el amor

pero nosotros, también,

le hacemos doler a él,

lo revivimos y lo matamos

y lo volvemos a revivir

para ver si su dolor ha cambiado

o para saber si será más suave

y aún así, nos seguirá doliendo, inclusive en la muerte.

El amor duele

porque puede ser fugaz,

instantáneo, veloz

o simplemente, quizás, dure por siempre.

El amor duele

porque es como un libro de arena,

no tiene principios

y no tiene un fin.

El amor duele

si es liviano o desinteresado.

Duele por dinero también

duele por otro amor.

El amor duele

en la enfermedad y la agonía

en el alba, el crepúsculo y el ocaso.

El amor duele cuando se comienza a amar.

Solamente eso hago... eso hacía.

Buscaba un Dios que me condenara

y no a uno que sólo me perdonase

y sólo pude hallarlo en tus ojos, amor mío.

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