Solamente
busco a un Dios que me condene
y no a un Dios que me perdone
y sólo podré hallarlo en tus ojos.
Así me crió el destino.
Aún, se puede decir, sigo
siendo crío del mismo pasado
y del mismo presente y del último futuro.
Frustrado por saber
una sola cosa en realidad.
El amor duele;
y duele mucho.
El amor duele
si se tiene o se pierde
o si es arrebatado
por otra vida o la misma muerte.
El amor duele
en la distancia y en los brazos
en la fe y la desconfianza
en la batalla y el ocio.
El amor duele
porque existe y no acude a nosotros
y se esconde en el moho
o bajo alguna especie de acacia.
El amor duele
porque es un cristal frágil
que con amor puede hacerse añicos
y cada pedacito esparcido sería un nuevo remordimiento.
Y así me crió el destino.
Mi alma lucha con fuego y hielo
y nada se calma...
todo es una simple lucha que la muerte ganará.
El amor duele
hasta en el odio
duele y lastima
y a veces, sin culpa, mata.
El amor duele
y no va a cambiar
no hay amor que no duela
y nada va a cambiar.
Sólo busco a un Dios que me condene
y no a uno que me perdone
y solamente podré encontrarlo en tus ojos
que me aman con demasiado dolor.
Y también yo,
he logrado amarte
tan dolorosamente
que aún con odio a que todo termine
no le temo a la muerte.
El amor duele
en la belleza y la pobreza
en la codicia, en el alma
en la razón y la verdad y la mentira y la duda.
El amor, a fin de cuentas,
es el Dios perfecto
perdona los errores, hasta los más graves
y nos condena a seguir amando.
El amor, a fin de cuentas,
únicamente pude hallarlo en tus ojos
y así y todo
el amor duele, aún en la búsqueda silenciosa.
El amor duele
porque creemos en él
a primera vista
en vez de creer en él sin antes verlo.
El amor duele
porque es puro, real, verdadero
y duele aún más
si se juega con él, padre de los sentimientos.
A veces una nube
puede cubrir al sol
a veces una lágrima
puede derramarse por amor,
y qué mejor que se haga añicos
contra el árido mundo
para que sembremos
un poco de él en cada uno.
El amor duele
porque se alimenta de nosotros
y nosotros de él
y duele porque seremos los primeros
en tener hambre
y los últimos en comer sólo migajas de su cuerpo.
El amor duele
si no se cuida de él
si no se protege
si no es alimentado.
El amor es rico
y nos hace pobres y humildes
porque a él entregamos todo,
todo... incluso entregamos amor... y duele.
El amor duele
porque en el silencio nos habla;
en los sueños nos enseña
pero en la vida nos esconde las palabras y los sentimientos.
El amor duele
porque es una luz, en algunas ocasiones,
que permanece encendida en la noche
y en la mañana se apaga.
El amor duele
porque es una brújula sin relieves,
nos deja atravesar horizontes
y nos deja alejados de todo lo demás.
Y duele, duele tanto el amor
pero nosotros, también,
le hacemos doler a él,
lo revivimos y lo matamos
y lo volvemos a revivir
para ver si su dolor ha cambiado
o para saber si será más suave
y aún así, nos seguirá doliendo, inclusive en la muerte.
El amor duele
porque puede ser fugaz,
instantáneo, veloz
o simplemente, quizás, dure por siempre.
El amor duele
porque es como un libro de arena,
no tiene principios
y no tiene un fin.
El amor duele
si es liviano o desinteresado.
Duele por dinero también
duele por otro amor.
El amor duele
en la enfermedad y la agonía
en el alba, el crepúsculo y el ocaso.
El amor duele cuando se comienza a amar.
Solamente eso hago... eso hacía.
Buscaba un Dios que me condenara
y no a uno que sólo me perdonase
y sólo pude hallarlo en tus ojos, amor mío.
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